Entrevista | Helena Maleno

25.09.2020

"¿Y tú de quién eres?" Ella es, como dice en su primer libro, nieta de María la de Berja e hija de Isabel Garzón, más conocida por Helena Maleno Garzón, de Elegio'. Periodista, investigadora y firme defensora de los derechos humanos, especialmente en la frontera occidental-euroafricana. Su labor junto a las compañeras y los compañeros migrantes es clave en la lucha contra las políticas de muerte que gobiernan esta necrofrontera.

Pregunta. ¿Cuál es la situación de las personas migrantes subsaharianas en la frontera sur?

Helena: La situación de las personas en la frontera, nosotros preferimos llamarlo ahora "frontera occidental-euroafricana", porque al final es una gran frontera que va desde el Mediterráneo oriental al Mediterráneo central, después Mediterráneo occidental y el Atlántico, con la ruta canaria. Bueno, la situación es como la de hace más de tres décadas cuando apareció el primer cadáver en una playa, el primer cadáver que se tenga constancia, de una persona migrante en una playa de Cádiz. Es una situación en la que las personas migrantes ejercen el derecho a un movimiento en condiciones terribles y ese derecho al movimiento, el movimiento de las personas migrantes, ese sufrimiento y esa muerte de las personas migrantes, se encuentran entre dos negocios: el negocio del control migratorio y el negocio de las industrias de la esclavitud. En algo que se llama, que Achille Mbembe, pensador camerunés, ha llamado necropolítica. La necropolítica son políticas de muerte en las que el sufrimiento de determinadas poblaciones, la muerte de determinadas poblaciones dan dinero al sistema. Esta es la situación de las personas migrantes en esta frontera occidental-euroafricana, que en realidad es una necrofrontera, una frontera de muerte.

P. La migración ilegal desde África subsahariana hacia Europa se ha convertido en un gran negocio, ¿quiénes se lucran con la vulnerabilidad de las personas migrantes?

H. El negocio está muy definido. Por un lado está el negocio del control migratorio, que es uno de los negocios más importantes de este siglo XXI, en el que han entrado en los últimos años de forma muy peligrosa las empresas de la guerra, de venta de armamento, muchas de ellas en su mayoría europeas, y que han visto un doble negocio: por un lado, esa venta de armamento que provoca un expolio de los territorios de origen que a su vez provoca la expulsión de las personas, y después el control de ese movimiento como segundo negocio. Por lo tanto es ganar beneficios tanto en el origen como en el tránsito. Y también en el destino porque después tenemos que ver que todas esas personas en el destino, muchas de ellas, durante todo el tiempo que están en situación irregular o durante todo el tiempo que pasan en el destino están abocadas a situaciones de explotación y esclavitud, no solo a través de la explotación sexual, la trata como algo más conocido, si no también la explotación laboral, como hemos visto durante esta pandemia en los invernaderos de Almería y Huelva. Entonces, bueno, por un lado está ese negocio y por otro, está el segundo negocio, que son todas esas industrias criminales e industrias de la esclavitud que se retroalimentan de las industrias del control migratorio. Es decir, cuando tú te mueves y el control migratorio ha militarizado zonas, el movimiento se hace mucho más complicado y, por lo tanto, necesitas de grandes redes que te ayuden a franquear esa frontera. Por lo tanto, paralelo al crecimiento del control militar crecen los beneficios de esas industrias, que no solo son industrias, como he dicho anteriormente, que te ayudan a cruzar esa necrofrontera y también ganan dinero con el sufrimiento y las muertes de las personas migrantes, si no que son industrias que también están en los países de destino, con todo el entramado de la esclavitud moderna que vemos tan claro en Europa.

No solo el objetivo es el control migratorio sino que hay otro objetivo colonial detrás de la externalización de fronteras.

P. Europa financia y permite los métodos de contención de la migración utilizados en países de tránsito a través de la externalización de fronteras, entonces ¿cómo podemos luchar contra la vulneración de derechos humanos en la frontera sur? ¿Qué soluciones se plantean a nivel político por parte de movimientos, colectivos o asociaciones ante la problemática de la migración ilegal?

H. La externalización de fronteras es una de las claves del negocio del control de fronteras, es decir, eso permite a las empresas militares, a las empresas de venta de armamento, militarizar países terceros. Esto por un lado no solo permite el control del movimiento si no que permite de forma solapada tener presencia militar en países terceros en una época neocolonial. Es decir, seguir con un colonialismo militar y empresarial en países terceros. No solo el objetivo es el control migratorio sino que hay otro objetivo colonial detrás de la externalización de fronteras. Por ejemplo Níger, Níger se ha encontrado con bases militares en su territorio. Por ejemplo Malí, es el mismo ejemplo, ¿no?. Después tenemos Mauritania y la presencia de militares, en este caso españoles, en su territorio. Tenemos Marruecos y tenemos Argelia. Estos dos países con menos presencia militar porque son países con más capacidad de negociación con Europa, pero en este sentido la externalización es clave. Y luego es clave también en el impacto que está teniendo en las sociedades de tránsito. Daros cuenta que la militarización y externalización de fronteras ha cambiado el panorama de las sociedades de tránsito respecto a conceptos como hospitalidad, racismo, acceso a derechos de toda la población que se encuentra en un territorio, y esto ha tenido un impacto muy negativo en las sociedades en tránsito que tendremos que seguir estudiando con el tiempo. Y un impacto en el desarrollo para esos países de sus derechos, de los Derechos Humanos dentro de su territorio.

Bueno ¿cómo se lucha contra la externalización o contra el impacto negativo de la externalización? Puesto que contra la externalización es imposible. Las propias comunidades migrantes, las propias comunidades en movimiento, tienen estrategias de lucha y de supervivencia; estrategias de lucha que se enmarcan en políticas de vida. Nuestro ejemplo es muy claro, nosotras no teníamos ningún proyecto de teléfono de alertas; empezaron las propias comunidades a llamar y a situarnos como referente para tener un teléfono de alerta por si sucedía alguna pérdida de vida humana o para evitar más pérdidas de vida humana, ¿no? Estrategias como tener un amigo que tiene todos los datos de tu travesía por si no apareces en el otro lado pueda alertar o, en caso contrario, en caso de que desaparezcas, permita a la familia hacer el duelo, que parecerá algo que no es importante pero es importantísimo en cualquier persona en cualquier lugar del mundo. Hay un montón de estrategias de protección; las mujeres tienen estrategias de protección, por ejemplo, ellas hablan de la normalización de la violencia sexual, que forma parte también de esa necropolítica y está presente en esa necrofrontera, como forma de soportar el tránsito migratorio y de sobrevivir en el tránsito migratorio.

Utilizáis "migración ilegal"; no me gustaría utilizar "ilegal" como concepto, prefiero irregular o solamente migración porque hay que plantear políticas de vida. Porque, por ejemplo, incluso el discurso de los políticos donde dicen: "hay que trabajar en los países de origen para frenar..." es mentira. No se trabaja en los países de origen. Lo que se trabaja es en la neocolonización de esos países de origen y en el expolio de sus recursos. Y los migrantes lo dicen muy claro: "no tenemos derecho a migrar pero tampoco tenemos derecho a no migrar", porque sus territorios están, en la mayoría de las ocasiones, siendo esquilmados por empresas, también del norte global, y se ven abocados a una situación... Es que el norte global no quiere acabar con el movimiento de las personas, claro que no, porque acabaría con ese negocio tan importante que está surgiendo en este siglo XXI y que será uno de los negocios que más dinero va a dar al sistema capitalista.

¿Qué es lo que tenemos que intentar hacer? Trabajar por políticas de vida. ¿Y esas políticas de vida cómo se construyen? Se construyen desde el sur global. El norte global y las empresas que se están beneficiando no van a dar las soluciones. Son las propias personas que tienen su movimiento o que impactan esas políticas de muerte en sus cuerpos quienes tienen que explicar qué es lo que pasa con esas políticas de muerte y quienes tienen que estar en conversatorios donde se decidan políticas de vida. La no presencia de todas esas personas en situaciones donde se deciden políticas forma parte de ese racismo institucional. Por eso ahora hay muchos movimientos dentro del estado español donde se dice: "no, queremos participar, queremos estar ahí. Somos nosotros, personas migrantes, personas racializadas que estamos dentro del territorio". No se puede construir una solución a la explotación en Huelva sin las personas que están siendo explotadas y que han sufrido esa situación de esclavitud en Huelva.

El COVID es como la excusa para normalizar aún más la violación de derechos humanos que produce la necropolítica.

P. La problemática de la migración parece que ante el panorama derivado por el COVID-19, está más invisibilizada aún, ¿crees que es así? ¿Hay datos de cómo está afectando la pandemia a esta población?

H. Creo que el covid es como la excusa para normalizar aún más la violación de derechos humanos que produce la necropolítica, porque las políticas de lucha contra el covid son en sí mismas también necropolíticas. Las políticas por ejemplo de las residencias, las decisiones que se tomaron en la Comunidad de Madrid, aquel famoso documento que decía que no se llevaran a las personas al hospital, esa primera criba; esa persona está haciendo necropolítica, está decidiendo quién tiene que morir y quién tiene que vivir. Entonces el covid es también una oportunidad para implementar a determinados colectivos, como los colectivos migrantes, los colectivos más vulnerables, porque al final el covid no nos ha homologado a todos, eso era una de las grandes falacias. Decía: "no, el covid ataca a todo el mundo por igual". No, no es verdad. Las poblaciones más vulnerabilizadas del sistema son las que más se están contagiando y son las que más se están muriendo. Y eso es un ejemplo también de, como decía, de esa necropolítica. ¿Qué es lo que va a permitir el covid? Ganar más dinero a las empresas que establecen esa necropolítica y que controlan el derecho al movimiento en el mundo, que controlan el movimiento. Entonces el covid se ha convertido en una oportunidad económica para determinadas empresas, desgraciadamente. Y lo que tenemos que hacer es; al principio del covid se hablaba de solidaridad, de apoyo mutuo, de redes, bueno pues palabras que sonaban mucho, palabras con las que trabajan mucho las comunidades migrantes para sobrevivir a la necropolítica, y son las mismas palabras que tienen que seguir resonando y que las propias personas tienen que contestar al covid con esta reflexión de solidaridad y políticas de vida. Y esto tiene que atravesar también a las comunidades migrantes que, por otro lado, están más vulnerabilizadas también porque forman parte de ese sector. Por ejemplo, otra vez, de nuevo, Lepe; de nuevo, Lleida; de nuevo, Almería. Nadie se acordó de que personas en situación irregular, siendo explotadas en situación de esclavitud por ejemplo en Andalucía, nadie se acordó de darles un aplauso; puesto que estaban en primera línea sacando los productos frescos para que otra persona pudiese comer mientras estaba en el confinamiento.

P. Las muertes por covid19 nos alarman pero las muertes en el Estrecho no nos importan ¿Por qué crees que es así?

H. Claro porque no las consideramos muertes, las muertes del estrecho no las consideramos muertes; se ha normalizado que una persona por transitar en un territorio pueda morir. Eso está normalizado en el imaginario. Y esto se llama racismo. Se llama racismo social y se llama racismo institucional. ¿Hay racismo en el estado español? Lo hay. ¿Hay racismo institucional en el estado español? Lo hay. Y el racismo no es solamente un racismo de la extrema derecha, no. Las políticas de control de frontera, de control del movimiento, las políticas de no importan esos muertos porque esos son muertos de la necropolítica, son desechables, pueden morir, esas son políticas que no son solamente políticas de la extrema derecha, desgraciadamente en todos los países europeos. Entonces, bueno, hay que revisar, como he dicho al principio, ese racismo porque si no se es antirracista seguirán sin importarnos las muertes de determinados colectivos.

Las muertes en el estrecho no las consideramos muertes; se ha normalizado que una persona por transitar en un territorio pueda morir.

P. Parece que los discursos de odio se están reforzando con la excusa de la pandemia, ¿por qué?

H. Los discursos del odio son necesarios para continuar con el negocio. Esos discursos del odio son necesarios para continuar con el negocio del control del movimiento y con el negocio de la esclavitud. Si dibujamos a los esclavos de Lepe y a los esclavos de Almería como animales la culpa no será de quien ejerce esa esclavitud si no que será de ellos porque ni siquiera merecen tener derechos laborales. Ni siquiera merecen tener una residencia. O cuando se mueren, cuando se mueren las personas en el Tarajal será culpa de las personas que se metieron en el agua aquel día y no de cómo se paró esa entrada o la responsabilidad que tuvo el Estado en esas muertes, ¿no? Entonces, bueno, al final esto es lo que nos queda cuando despojamos; esta política es despojar a esas personas del derecho a ser personas y por lo tanto eso puede justificar cualquier acción. Por eso el discurso del odio es tan necesario para tapar todos los ingentes negocios que se hacen con la muerte y el sufrimiento de determinadas colectividades.

P. ¿Qué podemos hacer desde nuestro contexto para no colaborar y/o rechazar las medidas contra la migración?

H. Pues es muy importante trabajar desde lo pequeño, desde lo local, hacer políticas de vida desde lo local. Es muy importante denunciar las condiciones de esclavitud que existen en Andalucía y en el campo andaluz. Creo que ahí hay una clave importantísima. Hay que pedir una regularización de todas esas personas. Hay una campaña que se llama "Regularización Ya". Y, sobre todo, hay que establecer alianzas con las personas migrantes y las personas racializadas que se encuentran en Andalucía, que viven en esa Andalucía donde, bueno, se decía antes que nadie era extranjero y es mentira. Una Andalucía que tiene un racismo histórico antigitano por ejemplo, ¿no? Y que nunca se ha trabajado contra ello. Una Andalucía que tiene unas condiciones de explotación de los jornaleros tremenda y que ahora han heredado estos nuevos esclavos de los campos andaluces. Todo eso hay que trabajarlo desde lo local pero también hay que trabajarlo luchando por políticas de vida y enfrentándose a ese gobierno que impulsa discursos de odio. También frenando los bulos, los mensajes, teniendo mucho cuidado con el lenguaje. Los periodistas tenemos, yo también soy periodista de formación, una responsabilidad muy grande con el mensaje y tenemos una responsabilidad muy grande también para contar historias, historias de verdad, historias donde veamos que estamos frente a personas, y tenemos una responsabilidad muy grande los medios de comunicación para poner los Derechos Humanos en el centro.

Es muy importante denunciar las condiciones de esclavitud que existen en Andalucía y en el campo andaluz.

P. Por último, sabemos que recientemente has publicado un libro "Mujer de frontera", háblanos de él, ¿qué te ha inspirado para escribirlo? ¿Qué podemos encontrar en él?

H. Sí, bueno, he publicado Mujer de frontera. Mujer de frontera es un libro que yo nunca pensé que tenía que escribir. El libro cuenta el procedimiento judicial al que fui sometida por una investigación que comenzó la UCRIF, la policía de control de fronteras española, en colaboración con FRONTEX, policía de frontera europea, donde quisieron encausarme de un delito de migración irregular por llamar a Salvamento Marítimo cuando había personas ahogándose en el mar. Esto ha formado parte de una campaña europea para criminalizar el delito a la solidaridad y, bueno, yo fui una víctima propiciatoria de esas políticas europeas que persiguen a defensoras de Derechos Humanos. Primero lo intentaron en el Estado español, a través de la Audiencia Nacional, que les dijo que no era delito lo que yo hacía. Pero como vivía en marruecos, la UCRIF envió ese dossier, que ya la justicia española había dicho que no era delito, a Marruecos y Marruecos abrió un procedimiento judicial contra mi persona. ¿Por qué escribí el libro? Pues escribí el libro... No pensaba escribirlo pero tuve una oferta para contar una historia y pensé que lo más importante era contar... Primero, a mí me impactó mucho el dossier que hizo la policía del Estado español. Era un dossier que no era un dossier policial, es una vergüenza para cualquier policía. Es un dossier político, es un dossier misógino, es un dossier homófobo; un dossier horrible que yo nunca pensé que pudiese ser escrito por un policía del Estado español. Un dossier que vulneraba más mis derechos fundamentales que los dossiers de investigación de la policía marroquí. Entonces, yo quería contarlo. Durante todo el procedimiento no podía hablar de ese dossier y yo quería contar eso. Decidí contarlo en primera persona, decidí contar mi procedimiento judicial, lo que eso significa, el impacto que eso tiene en mi persona y en el libro cuento en presente todo ese procedimiento judicial; lo que sucede, lo que pasa, cómo voy descubriendo... Tiene algo de novela negra de cómo ir descubriendo ese complot contra mi persona, tan pequeñita, pero al final ese complot era también necesario para ellos, para conseguir que se me condenase, y yo podría haber sido condenada a cadena perpetua simplemente por levantar y llamar a Salvamento Marítimo de Tarifa y llamar a Salvamento Marítimo de Almería. Y, bueno, entonces, durante todo ese presente me voy al pasado y rememoro a través de las historias de compañeros y compañeras todos esos años de lucha en la frontera. Y de historias, y de personas, y de personas maravillosas, que se quieren, que viven a pesar de la violencia.

Y también en el libro voy a mis orígenes. Recuerdo quién era, de dónde vengo, de quién soy. "¿Y tú de quién eres?" como dicen en Andalucía. Digo en una parte del libro "pues soy nieta de María la de Berja e hija de Isabel Garzón". Soy de Elegio', en concreto, de la Loma de la Mezquita y ahí me conecto de nuevo con esa raíz andaluza jornalera, también de lucha, ¿no? Y, bueno, decía Lucía Mbomio que el libro también es una oda a mi tierra, una oda a Almería y una oda a Tánger. Creo que me he expuesto mucho, me he abierto mucho en ese libro; creo que es un libro que te hace llorar muchísimo, según me han dicho las lectoras, pero que también es un llanto que sana, es un llanto de vida. Eso también conecta mucho con toda la lucha de las mujeres andaluzas, ese llanto de vida. Es un llanto de vida muy parecido al de las mujeres migrantes. Y nada, animaros a que lo leáis. Lo escribí con mucho pudor porque yo soy muy tímida, pero lo escribí con mucho amor, entonces os animo a leerlo y os animo a descubrir a través del libro la vida en la frontera.


Entrevista: Laura Roldán