Entrevista | Germán Jaraíz

05.10.2020

Nada más entrar en el Barrio de Polígono Sur encontramos la puerta abierta de la Flora Tristán, una residencia universitaria que va más allá del espacio arquitectónico convencional donde albergar al estudiantado.

Nos atiende Germán Jaraíz, Doctor por la Universidad Pablo de Olavide e investigador que además gestiona la Dirección General de este proyecto social que lleva casi veinte años generando sinergias entre los y las estudiantes y la comunidad de este barrio del extrarradio sevillano.

Pregunta. ¿Cómo surgió el proyecto de la Flora Tristán?

German: Este proyecto surge hace ya 18 años. Y surge básicamente porque la Universidad Pablo de Olavide (UPO, en adelante) pues se plantea, apuesta, por ubicar su residencia de estudiantes en un espacio como Polígono Sur. Entonces, tiene una doble idea, por un lado dotar a la universidad de una residencia de estudiantes, de una residencia joven que no disponía de un equipamiento propio en este sentido. Pero especialmente ubicar este equipamiento y servicio en un espacio como Polígono Sur para provocar una interacción entre universidad y barrio. De modo, que la idea era que los/as estudiantes que vienen a vivir a esta residencia pudieran también participar de la vida del barrio, ser vecinos y aportar su capital social, humano, sus conocimientos. Y, también, su propio proceso de aprendizaje aportando recursos y elementos de apoyo para el desarrollo y empoderamiento del propio barrio. Y a su vez, utilizar el propio barrio como un espacio de aprendizaje cívico, de aprendizaje participativo de los/as estudiantes, de generación de ciudadanía. Esta es un poco la apuesta por ubicar la flora en un espacio Polígono Sur.

"... La mayor parte de la vida de este barrio es una vida cotidiana, la gente lo que hace es intentar trabajar, tirar para adelante ..."

P. Parte de los y las estudiantes que acuden a la Flora Tristán, no son de Sevilla y no conocen el barrio ¿Qué supone para ellos y ellas? ¿Qué supone para los y las estudiantes que acuden a la Flora Tristán vivir en la residencia?

G: Hay estudiantes de todos lados, en el curso anterior tuvimos estudiantes de treinta y pico nacionalidades distintas. Y después distintas comunidades autónomas de España, provincias de Andalucía y gente de Sevilla. Una de las cosas que más manifiestan los/as estudiantes residentes es la diversidad, lo enriquecedora que supone para la gente la diversidad interna de la residencia. Yo siempre digo, que la residencia tiene dos dimensiones que están en diálogo. De puertas adentro esto es una comunidad de estudiantes, y el otro elemento para aquellas personas que quieren participar en la vida de la gente. Pero el barrio es un espacio de aprendizaje muy potente. Yo creo que la primera manifestación es cómo les transforma el vivir en un barrio, su concepción de la vida. Esto tanto para las que participan como para las que no, porque, claro, tú estás viviendo en el barrio, te estás tomando un café en el bar de ahí atrás, vas a comprar a la frutería, a las tiendas del barrio. Y el aporte más potente está en cómo la gente que vive y ha vivido aquí, es capaz de romper el estigma y el prejuicio que traemos en torno a espacios de este tipo. Obviamente, en este espacio hay problemas como hay en otros muchos espacios. Pero la gente relativiza los problemas y es capaz de darle una dimensión más auténtica. La mayor parte de la vida de este barrio es una vida cotidiana, la gente lo que hace es intentar trabajar, tirar para adelante. Tenemos muy buena relación con la inmensa mayoría de los vecinos y vecinas, que, además, para el vecindario el que exista un espacio como la flora es un elemento también de potencialización de su espacio cotidiano.

Y después la aportación que supone estar participando en un proyecto social de este tipo. Les aporta un montón de habilidades laborales. Hace dos años, hicimos un estudio y le preguntamos básicamente dos cuestiones a nuestros residentes. Y era, por un lado, en qué medida la experiencia de participación en el aprendizaje mediante servicios que se hacen en el barrio les ayuda a desarrollar sus competencias para sus estudios. Y en un porcentaje muy elevado del setenta u ochenta por ciento de las competencias que habíamos sacado en los planes de estudios, ellos manifestaban que las vivencias del barrio les habían manifestado más que el propio aprendizaje en las clases. Y por otro lado, hicimos un análisis de dos grupos de control. Y veíamos cuando habían encontrado trabajo quienes vivían aquí y estudiantes que con el mismo perfil no habían estudiado aquí, y, veíamos que encontraba trabajo una media de 9 meses antes. Por lo tanto, esa experiencia tiene un impacto sobre los aprendizajes y sobre las posibilidades de inserción socio laboral de la gente

Yo soy profesor de Trabajo Social en la UPO, cuando nuestros alumnos y alumnas van a hacer prácticas a un centro pues digamos que tienen un espacio de prácticas predefinido. Pero cuando tú tienes que hacer acompañamiento comunitario en el barrio, y lo que te toca es apoyar a una asociación de vecinos, y llegas allí y te dicen que tienes que reorganizar, tomar acta, adquieres una serie de habilidades que están muy naturalizadas. Y entonces ese espacio de naturalización del aprendizaje, yo creo, es muy rico para los estudiantes porque les obliga a desarrollar muchas de las intuiciones racionales que tiene. Le obliga básicamente a aportar solidez relacional en el ámbito. No solo trabajo social, sino de derecho o de arquitectura.

"... el impacto mayor que tenemos es no tener un impacto propio, sino contribuir a los impactos que hacen otros/as ..."

P: ¿Qué impacto ha generado el proyecto de la Flora Tristán en el barrio?

G: Eso se lo tendrías que preguntar a los vecinos y vecinas. Yo solo digo que nuestro proyecto es, no tener proyecto. O sea, nosotros cuando llegamos aquí al barrio desde el principio no hemos querido tener un proyecto porque vivimos en un espacio que hay un montón de organizaciones con un montón de proyectos. Con lo cual, nosotros no queríamos venir a hacer un proyecto más. Y no tenía sentido a venir a competir entre comillas con entidades públicas, ONG, etcétera.

Nuestro proyecto es no tener proyecto. Por lo tanto, nosotros lo que hacemos es colaborar con las organizaciones que están en el barrio que desarrollan proyectos que nos parecen que son relevantes e importantes. Entonces, que el impacto mayor que tenemos es no tener un impacto propio, sino contribuir a los impactos que hacen otros/as. Ha esto nosotros le llamamos, presencia ligera, una manera metafórica si se quiere llamar a esto.

Yo recuerdo, por ejemplo, a Mar González, la anterior comisionada, que ella decía; lo interesante de la flora es que vayas al sitio que vayas la gente decía, la gente de la flora está aquí. Yo creo que, eso es un poco el impacto más curioso. Por utilizar una palabra justa. Porque, cuando hablamos de impacto, parece que estamos haciendo algo tremendamente impactante y luego las realidades no cambian, con lo cual tenemos que ser un poco humildes. Pero si creo, que lo más significativo es que la gente perciba que estamos ahí.



P. ¿Cúales son las líneas de apoyo que se desarollan desde la Flora Tristán?

G: Tenemos tres líneas de apoyo. Una línea educativa, apoyamos proyectos de colegios, fundamentalmente el proyecto de biblioteca y animación a la lectura de los coles. Porque en su día los coles manifestaron, en esta línea, un apoyo espacial por las dificultades y los déficit lecto-escritores que tenían buena parte del alumnado. Una segunda línea, que la llamamos de convivencia, se desarrolla básicamente en las aulas de convivencia de los Institutos de Educación Secundaria y, también, el apoyo que organiza la Fundación Ariadna del proyecto Mentoris. Va en la misma línea, son dos proyectos, el aula de mayores en los institutos y el Mentoris, son dos iniciativas distintas pero que tiene una misma lógica. Pretenden capitalizar y empoderar a los/las chavales de los institutos en la capacidad y resolución de conflictos y en la capacidad y negociación de diálogo de situaciones de diferencia. Y luego hay una tercera área, que es la comunitaria, que es la más potente. Y ahí estamos trabajando desde proyectos que tienen las parroquias o Alborea, de apoyo escolar, orientado al apoyo escolar en el ámbito no formal, apoyo a asociaciones vecinales o el apoyo a entidades como Entre amigos, con quienes estamos trabajando en la radio comunitaria de aquí de Polígono Sur. Solemos acompañar en distintos procesos de empoderamiento, como el que realiza un grupo de mujeres entorno a los programas que se llevan en el barrio; Calles hablan o Noche de bodas.

P: ¿Cómo afronta la Flora Tristán su actividad ante la Covid-19?

G: Pues mira, la verdad que el curso anterior tuvimos que hacer una reinvención que nos provocó dos sensaciones. Primero frustración, a parte de la preocupación por la Covid, por no hacer todo lo que podíamos hacer en un primer momento. Y después ilusión por la capacidad de innovación que en ese proceso se fue generando.

El curso pasado, obviamente los proyectos educativos hubo que dejarlos porque, lo primero, los colegios estuvieron cerrados y la docencia se virtualizó. Apostamos por el desarrollo de espacios virtuales, por ejemplo, seguir con los espacios de radio que se siguen haciendo virtualmente. Y se reconvirtieron muchos espacios, en espacios de relación online para jugar, juegos cooperativos o para compartir actividades literarias. Utilizamos muchos los soporte online para trabajar de esa manera.

En este nuevo curso, la perspectiva es algo distinta vamos a seguir apostando por el trabajo online pero también vamos hacer trabajo presencial. Por ejemplo estamos viendo cómo hacer la Recogymka, es una actividad que participamos unas trecientas personas. Es un recorrido por el barrio para que la gente que llegue nueva, los/as profesionales que vienen de los servicios sanitarios, a los coles, a los institutos, a los servicios sociales, y también a estudiantes, etcétera, pues pudieran conocer el barrio. Este año queremos hacerla de manera virtual, queremos hacerla en streaming.

En la residencia, hemos tenido que hacer un protocolo propio de seguridad, por eso cuando habéis entrado aquí os habéis tenido que la lavar las manos y nos hemos visto en esta sala que es el único espacio de reunión, no puedo haber más de 6 personas, dos metros de distancia. Además, no se pueden recibir visitas externas, hemos reforzado servicios de limpieza y no puede haber reuniones de más de 5 personas en las viviendas. En el caso que alguien quiera hacer una reunión de más gente tiene que comunicar para que organicemos los espacios. Son viviendas donde la gente tiene habitaciones y baños individuales, entonces esto nos facilita el que los/as residente dentro de su casa puedan tener condiciones para guardar unas medidas de autoprotección.  La residencia habitualmente es un espacio abierto al barrio, y hemos tenido que prohibirlos para auto-proteger a la gente que está dentro. Aquí están viviendo casi doscientas personas, pero también hay personas con auto-inmunidad, enfermedades de riesgo, etcétera.

"... el reto permanente de un recurso como la Flora es abrir la puerta al día siguiente para acoger a la gente y para mantener el proyecto social ..."

P: Desde que llegó a la dirección ¿cuáles ha sido los retos?

G: Bueno yo estoy saliendo ya de la dirección, llevo camino de los cuatro años y medio. Realmente, el director de la Flora es parte de gobierno del equipo de la universidad, en marzo tenía que haber habido elecciones pero con todo esto de la pandemia se ha prolongado. Y me imagino que en el mes de noviembre, de manera razonable, habrá elecciones. Vendrá un equipo nuevo y yo volveré, a mis aulas a dar mis clases, y a mi trabajo de investigación.

Yo diría que el reto permanente de un recurso como la Flora es abrir la puerta al día siguiente para acoger a la gente y para mantener el proyecto social. Es enormemente difícil que un espacio como la universidad pública, de cualquier universidad, sostenga un proyecto como este. Es un mérito enorme que la UPO pueda sostener este proyecto. Porque el mundo académico - universitario, en general y por desgracia, mira hacia otro lado., Y las cuestiones de cohesión social están en las agendas universitarias desde el voluntariado, desde espacio como este tipo, pero deberían tener mucho más potencial y presencia en general en las políticas universitarias.

Entonces, cuando dices cuál es el reto, pues el reto es seguir existiendo. Seguir existiendo tal y como existimos ahora. Porque, claro, esto podría existir como una oferta de pisos, de viviendas muy baratas que la universidad les hace a sus estudiantes, pero lo interesante es tener un modelo de gestión comunitaria de residencia y un modelo de presencia social en el barrio. Entonces mantener esto, es en sí un reto enorme. Y solo lo saben los que estamos gestionándolo. Desde ahí, yo creo que un espacio como la Flora, lo digo porque hay universidades privadas que venden la presencia en barrios vulnerables a través del voluntariado, cuestiones de este tipo, están bien, pero realmente solo/no es una apuesta estratégica. La apuesta estratégica es cuando tu aportas recursos para mantener algo.


P: ¿Cómo se sustenta la Flora Tristán?

G: Por distintas vías. Por ejemplo, los/as estudiantes que hacen colaboración en el barrio no pagan, pagan los setenta euros de suministro, y otro grupo de estudiantes o becarios de alojamiento pagan una parte pequeña. Si vienes a estudiar aquí durante un año a la residencia, sin becas ni nada, vas a pagar ciento cincuenta euros al mes. Porque los otros setenta euros son los gastos de comunidad, internet, agua y luz. Sin embargo, el costo real, lo que a la universidad le supone un piso está entorno a los doscientos ochenta euros. Por lo tanto, hay una parte que la universidad aporta de financiación de recursos propios y otra parte, que es la relacionada con el proyecto social, que es la que busca financiación externa. La propia Consejería de Economía y de Universidades hace una aportación importante de financiación. Asícomo el Ayuntamiento de Sevilla y otras entidades privadas. 

La cuestión es que este servicio siempre funciona, es un elemento muy importante porque hay organizaciones que cuando tienen financiación actúan y cuando no la tienen dejan de actuar. Digamos que, nosotros tenemos ese compromiso estratégico de la universidad, y es que la universidad apuesta por este proyecto. De hecho, la Flora está en todos los planes estratégicos de la UPO. Incluido el que está vigente ahora mismo, por este órgano de gobierno y por los anteriores. Y, espero, que por los que vengan después también.


Entrevista: Gemma Miquel