Entrevista | Claudio Vidal

19.04.2021

Claudio Vidal es licenciado en Psicología y Experto Universitario en Metodologías de Investigación en Drogodependencias por la Universidad de Málaga.

Desde finales de los años noventa trabaja en un proyecto de reducción de riesgos y daños y, desde 2004, es el responsable de la Delegación en Andalucía del Programa Energy Control de la Asociación Bienestar y Desarrollo.

Pregunta: La sociedad suele tener una percepción bastante negativa de las drogas. ¿Cómo es eso de trabajar en reducción de riesgos?

Respuesta: Buena pregunta. La reducción de riesgos trabaja fundamentalmente con personas que están tomando drogas; es decir, es una manera de poder acercarse a personas a quienes la prevención del consumo ya no les es útil. Es cierto que la sociedad en general ha ido desarrollando con el tiempo una mirada negativa hacia las drogas, pero ello no ha impedido que muchas personas las consuman. Además, esta mirada incluye numerosos matices: unas drogas están peor vistas que otras y, en muchas ocasiones, esa mirada negativa se traslada hacia las personas, desarrollando procesos de estigmatización hacia ellas que incrementan los daños. La reducción de riesgos parte de esa propia realidad y del reconocimiento de que hay personas que consumen.

"tratamos de hacer llegar mensajes útiles para que las personas puedan gestionar sus consumos, especialmente de alcohol, de la manera menos arriesgada posible"

P: ¿Cómo interviene Energy Control en Andalucía?

R: Energy Control es un programa de la Asociación Bienestar y Desarrollo que nace en 1997 en Barcelona y que aterriza en Andalucía en el año 2004. Aquí, desde entonces, nos hemos centrado en la creación de unos equipos de trabajo voluntario en las ciudades de Sevilla, Granada y Málaga, en estar presentes en momentos y lugares donde se producen los consumos de sustancias como pueden ser los festivales, las raves o las discotecas, en ofrecer nuestro servicio de análisis de sustancias, tanto en las acciones en el ocio como en nuestra sede en Antequera, que atiende a personas de toda Andalucía, y a través de programas de reducción de riesgos en el medio educativo, especialmente en Escuelas Taller, Casas de Oficio, Ciclos Formativos de Grado Superior, etc., en los que tratamos de hacer llegar mensajes útiles para que las personas puedan gestionar sus consumos, especialmente de alcohol, de la manera menos arriesgada posible. En el último año, obligados por las circunstancias, pero también porque era algo que queríamos hacer desde hace tiempo, nos hemos movido hacia el mundo online a través de una cuenta en Instagram y un canal en Telegram.

"Todo lo que ofrecemos va dirigido a satisfacer necesidades e intereses de las personas que usan sustancias, y lo hacemos de una manera desprejuiciada, no paternalista ni mediante imposiciones"

P: Tenéis presencia en festivales, raves y demás contextos de ocio. ¿Cómo es la respuesta de la gente? ¿Qué es lo que más valoras de ese tipo de intervención?

R: La respuesta es sorprendente. Todo lo que ofrecemos va dirigido a satisfacer necesidades e intereses de las personas que usan sustancias, y lo hacemos de una manera desprejuiciada, no paternalista ni mediante imposiciones. Tratamos de ser de utilidad desde la objetividad y la profesionalidad. Y son aspectos que la gente nos valora mucho.

Damos información que pueden aplicar a la forma en que consumen, pueden analizar lo que van a consumir para descartar productos que puedan significar un aumento en los riesgos, les ofrecemos espacios para hablar sobre sus consumos en los que pueden sentirse escuchadas, cómodas y sin miedo a ser juzgadas. Espacios que, desafortunadamente, no encuentran en otro sitio.

Este tipo de intervenciones nos permiten entrar en contacto con las personas mientras están en un espacio de diversión. Nos permiten observar qué ocurre en estos espacios, aprender y poder readaptar de manera constante nuestras acciones. En este sentido, son intervenciones vivas que van cambiando a medida que cambian también las necesidades de las personas.

Además, son intervenciones que no serían posibles si no es por la importante colaboración que muchos actores del ocio nos prestan dejándonos ser partícipes de los mismos: propietarios de discotecas, empresas promotoras de eventos, colectivos underground, artistas, etc.

¿Qué es lo que más valoro de este tipo de intervenciones? Sin lugar a dudas el contacto con la gente. Enfocar el consumo de drogas desde la reducción de riesgos te permite un trato cercano con la gente y comprobar de primera mano cómo lo que haces llega y es bien recibido. Muchas veces me han dicho que era la primera vez que podían hablar con alguien sobre drogas sin miedo a ser juzgadas o, incluso, reprendidas. Y eso es super positivo.

"si hablamos de la creación de una red de atención, universal y gratuita, creo que España es buen ejemplo de cómo las políticas de drogas pueden enfocarse desde la Salud Pública antes que desde la Seguridad o la simple represión"

P:¿Cómo valoras las políticas prohibicionistas que se llevan a cabo en nuestro país? ¿Son efectivas?

R: No es una pregunta fácil de responder. Las políticas sobre drogas en España no dejan de ser un reflejo de las políticas globales. Sin embargo, en España, estas políticas no han llegado a ser tan duras como en otros países. Al contrario, el consumo de drogas nunca ha sido considerado delito, aunque sí se castigue administrativamente con multa su tenencia y consumo en la vía pública, y ha incorporado, sin las dificultades que hemos visto en otros países, los programas de reducción de daños más punteros: desde los clásicos programas de intercambio de jeringuillas o el tratamiento sustitutivo con metadona hasta las salas de consumo supervisado, el programa PEPSA en Granada de dispensación controlada de heroína o los servicios de análisis de sustancias.

Con respecto a la efectividad de estas políticas, también la respuesta es complicada porque depende del criterio que utilices para medir si han sido eficaces o no. Si se observa desde el punto de vista de las prevalencias de consumo, no parece que las políticas estén influyendo en que las sustancias se estén consumiendo cada vez menos. Pero si hablamos de la creación de una red de atención, universal y gratuita, creo que España es buen ejemplo de cómo las políticas de drogas pueden enfocarse desde la Salud Pública antes que desde la Seguridad o la simple represión.

En cualquier caso, hay algunos retos por delante como pueden ser el lograr una mejor financiación y estabilidad de la red de prevención y atención o una mayor cobertura de los programas de reducción de daños y riesgos. El consenso internacional en torno al prohibicionismo se está rompiendo poco a poco, y es cuestión de tiempo que nuevas formas de regulación vayan apareciendo. Pero, en el día a día, también hemos de poner la mirada a esas otras vertientes de las políticas de drogas que son las que tienen que ver con cómo abordamos las problemáticas que los consumos generan.

"La estigmatización de las sustancias y de las personas que las usan es un problema muy grave. No debemos asumir que la estigmatización es una manera de proteger a la población frente a los consumos de sustancias ya que no impiden que las personas vayan a consumir y, por el contrario, generan muchos daños a las que consumen"

P: Es curioso cómo las drogas, legales o no, están muy normalizadas en nuestro día a día. Sin embargo, el estigma no se genera con todas las sustancias o contextos de consumo.

R: La estigmatización de las sustancias y de las personas que las usan es un problema muy grave. No debemos asumir que la estigmatización es una manera de proteger a la población frente a los consumos de sustancias ya que no impiden que las personas vayan a consumir y, por el contrario, generan muchos daños a las que consumen. Las poblaciones más estigmatizadas sufren de múltiples problemas que no tienen que ver con el consumo sino con el rechazo social que existe hacia ellas. Por tanto, todo lo que se haga para revertir esa estigmatización será bienvenido.

Por otra parte, más que normalizarse las drogas lo que se ha normalizado es el uso de las mismas, que son aspectos distintos. Esto es importante verlo así porque nos permite entender cómo ciertos usos de drogas han logrado extenderse, en especial, los usos recreativos de ciertas sustancias en momentos y lugares, especialmente los relacionados con el ocio nocturno. Y esto tiene que ver con una popularización sin precedentes del uso de sustancias con unos objetivos y funciones bien determinadas como son el divertirse, el crear comunidad u obtener placer. Por supuesto que existen personas que las usan por otros motivos, pero en términos de extensión o popularización, el uso recreativo de drogas distintas al alcohol ha llegado a unas cotas muy altas en las últimas décadas. Posiblemente estas generaciones dejen de tener una mirada tan estigmatizante sobre estos consumos, pero, aun así, se sigue manteniendo el estigma hacia otras personas, especialmente las que tienen usos más problemáticos. En este sentido, hay que recordar que, incluso entre las personas que usan drogas, se producen procesos de estigmatización. Por ejemplo, muchas personas que consumen cannabis tienden a estigmatizar a personas que consumen sustancias de origen sintético. En definitiva, es un problema muy complejo sobre el que debemos seguir trabajando.

"Cuando hay que prevenir los consumos, hay que dotar a las personas de las herramientas necesarias para hacerlo. Estas herramientas incluyen las habilidades sociales, una buena autoestima, pensamiento crítico, etc., y no solo el tener en la cabeza la idea de que "las drogas son malas".

P: El discurso "preventivo" de que las drogas son malas, ¿causa realmente efecto en la población joven? ¿Habría que cambiar la perspectiva de intervención?

R: Es evidente que, en muchas personas, ese mensaje ha calado y les ha protegido del consumo. El problema es que también hay muchas otras para las que ese discurso ha supuesto una pérdida de credibilidad hacia los agentes preventivos porque ni les resulta útil ni les plantea otras opciones. Como sociedad, aún nos cuesta mucho aceptar que el consumo de sustancias aporta cosas que son valoradas positivamente por las personas que consumen. Negar que esta parte positiva existe, nos presenta como personas sesgadas que solo ven lo negativo, por lo que nuestra credibilidad cae por los suelos.

Hay personas que no deben consumir drogas porque los potenciales riesgos superan con creces los potenciales beneficios. Pero eso no quiere decir que las drogas sean malas. Malo es un adjetivo con muchas connotaciones que no tiene por qué corresponderse con las vivencias de las personas y, por lo tanto, tiene escaso valor preventivo. Cuando hay que prevenir los consumos, hay que dotar a las personas de las herramientas necesarias para hacerlo. Estas herramientas incluyen las habilidades sociales, una buena autoestima, pensamiento crítico, etc., y no solo el tener en la cabeza la idea de que "las drogas son malas".

Pero, una vez las personas han comenzado a consumir, no podemos insistirles en ese mensaje porque genera rechazo y nos impide acercarnos y trabajar con ellas. Aceptar que el consumo tiene aspectos que se consideran positivos nos dota de la credibilidad necesaria para trabajar con ellas. Ello no significa que estemos a favor de los consumos. Solo significa que somos lo suficientemente sensibles como para reconocer la realidad y las vivencias de la otra persona. A partir de ahí estaremos en mejor disposición de poder ofrecerles herramientas para que puedan manejarse en los consumos.

"muchas personas que consumen cannabis tienden a estigmatizar a personas que consumen sustancias de origen sintético"

P: La regulación del cannabis cada vez parece estar más en el debate social y político. ¿Qué piensas sobre ello?

R: Como suele decirse, la cuestión ya no es tanto si habrá o no un cambio en las políticas con respecto al consumo de cannabis sino en cómo ha de ser ese cambio y cuándo se producirá. En los últimos años hemos visto diferentes propuestas e intentos de regulación, desde los clubes sociales de cannabis hasta las iniciativas legislativas emprendidas por algunas Comunidades Autónomas. Sin embargo, la regulación solo será posible cuando estas iniciativas tengan carácter estatal. A mi juicio, son necesarios dos elementos fundamentales: un apoyo por parte de la opinión pública y la valentía de la clase política. Los últimos datos que tenemos nos dicen que la legalización del cannabis sería una medida "muy importante" para poco más de un tercio de la población, aunque si sumáramos también la valoración como "importante" y no solo la de "muy importante", este porcentaje aumentaría. Pero este dato no se suele ofrecer en las estadísticas que aporta el Ministerio de Sanidad. Por otra parte, aunque hay partidos políticos que incluyeron la legalización del cannabis en sus agendas o programas, la realidad es que todo ha quedado en nada. Por último, el sector cannábico no ha conseguido consolidarse como grupo de presión con influencia suficiente como para poder ejercer presión en esos dos elementos.

En definitiva, creo que aún queda un camino largo por recorrer, pero la regulación finalmente ocurrirá, tal y como ya está ocurriendo en otros países.

"Desde mi punto de vista, en toda regulación deben prevalecer los criterios de salud, seguridad y respeto por los derechos humanos, y con un control estatal de toda la cadena, desde la producción hasta la venta, al menos en los primeros momentos"

P: El argumento que suele encontrarse en contra de una hipotética legalización de ciertas sustancias es que se fomentaría su consumo, sobre todo entre la población joven.

R: Cierto. Es uno de los principales argumentos en contra del cambio de las políticas regulatorias. Lo cierto es que el sistema actual no impide el consumo y está por ver si aumentaría en otros escenarios de regulación. Hasta la fecha, los únicos experimentos naturales con los que contamos son los cambios en la regulación del cannabis, especialmente en Estados Unidos, Canadá y Uruguay. Aunque no parece haber llegado el apocalipsis en forma de epidemia de consumo entre los jóvenes y, lo más importante, un aumento significativo en los problemas de salud pública, sí es cierto que la propia regulación ha podido favorecer la aparición de nuevos escenarios de riesgo. Por ejemplo, los modelos de regulación en los que impera el valor económico sobre la salud tienen el riesgo de convertir el cannabis en un objeto capitalista de consumo, a merced de las leyes del mercado. Desde mi punto de vista, en toda regulación deben prevalecer los criterios de salud, seguridad y respeto por los derechos humanos, y con un control estatal de toda la cadena, desde la producción hasta la venta, al menos en los primeros momentos. Ello permitirá actuar mucho mejor sobre potenciales problemáticas como puedan ser el acceso a las sustancias por parte de personas menores de edad, el contrabando, la asistencia a personas que desarrollen problemas, etc. Sin embargo, aún nos falta poder desarrollar modelos de regulación aplicables a otras sustancias y es poco probable que tengamos experimentos naturales parecidos a los del cannabis con otras drogas que puedan orientar en su formulación.

"Es posible un escenario en el que haya una explosión de consumos con la vuelta de los festivales, las raves, las discotecas, etc"

P: Con la llegada del COVID, los consumos relacionados con el ocio se han eliminado en gran medida, pero, ¿cómo se manifiestan ahora?

R: ¡Otra gran pregunta! Sabemos que, durante el confinamiento, aquellos consumos que típicamente se daban en la fiesta se redujeron muchísimo. Sin embargo, a partir de la desescalada del verano pasado, intuimos que muchos consumos volvieron, pero de manera diferente. Dado que las limitaciones a la movilidad han permanecido, muchos consumos se han invisibilizado en el sentido de que se han trasladado a la esfera privada, sobre todo en los domicilios. Para otras personas, que no disponen de un domicilio o espacio privado para ello, han seguido consumiendo en la vía pública. Los botellones siguen produciéndose aunque de manera más clandestina. Pero, en términos globales, seguramente los consumos hayan bajado. Lo que está por ver es qué ocurrirá cuando se levanten las restricciones y la gente vuelva a salir. Es posible un escenario en el que haya una explosión de consumos con la vuelta de los festivales, las raves, las discotecas, etc. Pero, claro, asumiendo que el ocio nocturno en ese momento haya podido recuperarse del impacto de la pandemia, lo que aún está por ver.


Entrevista: Alberto Mejías.