Entrevista | Carlos Reina

03.11.2020

Carlos Reina, Politólogo por la UNED y finalizando Master en Dirección de Marketing en la Universidad Loyola Andalucia. Un apasionado de la política Interesado además por psicología,. De ahí que esté actualmente cursando su segunda carrera, Psicología.

Fruto de su personalidad reflexiva e innovadora nació hace unos meses el proyecto "Close Far Job" con el que se busca atender a estudiantes universitarios con discapacidad, ofreciendoles prácticas en empresas bajo el modelo de smart working.


Pregunta. Lo primero, ¿De qué hablamos? ¿Diversidad funcional o discapacidad? Hay distintas opiniones sobre cómo puede influir el lenguaje.

Respuesta. No sé si conoces a Mercedes Serrato, es una trabajadora social y profesora de la Universidad de Huelva y que está haciendo el doctorado sobre discapacidad con perspectiva de género. En varias ocasiones he debatido con ella porque ella plantea que el término diversidad funcional puede ser muy difuso a la hora de aplicar políticas con medidas de acción positivas hacia el colectivo. Digamos que el término de discapacidad, al estar más extendido en la sociedad, puede ser más concreto a la hora de verse reflejado en políticas de acción positiva.

Pero el término discapacidad o discapacitado ya va resultando un poco peyorativo. Saco esta conclusión tras el estudio de la asignatura psicología social, en la que observamos cómo cuando se categoriza a un grupo, al cabo del tiempo, a esa categorización se le asignan unas connotaciones negativas. De minusválido hemos pasado al término de discapacitado, de discapacitado a persona con discapacidad. El término de diversidad funcional viene del movimiento de vida independiente y fue propuesto por el activista de este movimiento social, Javier Romañach Cabrero.

Yo soy más partidario del término diversidad funcional y, sobre todo, de que exista un debate. Es necesario. Cuando hablamos de diversidad funcional lo hacemos de algo que es muy heterogéneo y eso puede también ayudar. Al final yo, por ejemplo, no quiero que me reconozcan por la patología que subyace en la discapacidad, que es una lesión medular porque, yo soy más que esa lesión. Y creo que el término discapacidad no ayuda a eso. Es cierto que puede ser beneficioso a la hora de aplicar ciertas políticas pero es contraproducente en el reconocimiento. Porque la imagen que tiene la sociedad de la persona con discapacidad es alguien que usa silla de ruedas. Y esto crea muchísima distorsión porque todas las personas con discapacidad no son usuarias de silla de ruedas, por ejemplo.

Llegué a la conclusión de que yo era un problema para la sociedad

P. ¿Cómo crees que mira la sociedad a las personas con diversidad funcional?

R. Hay muchos prejuicios. Un trato de rechazo que llega a ser denigrante. Y te cuento una anécdota personal. Mi relación con mi ex pareja no era aceptada por su entorno social y familiar, no estaban de acuerdo con la relación por mi condición física donde, al final, redunda mi discapacidad. Te comento esta anécdota personal, porque este trato discriminatorio no se circunscribe solamente a la vida de Carlos Manuel Reina, sino hacia todo un colectivo de personas. Digamos que para muchos entornos yo soy un problemas y a partir de eso reflexioné mucho y llegué a la conclusión de que yo era un problema para la sociedad, y me convierto en un problema porque la sociedad no encuentra las soluciones para incluirme en ella y sus diferentes ámbitos. En el laboral, social, familiar, educativo o sentimental. Nos siguen enfocando con la creencia del "tú no puedes" y de ser una carga en el que lo único que puedes llegar a ser es un sujeto de cuidados permanente, deshumanizando a millones de personas en España.

Insisto, hay un trato discriminatorio trasvestido de trato buenista, sobre todo en el ámbito familiar, "lo hacemos por tu bien", y curiosamente, volviendo a la psicologia social, reflexioné sobre cómo la sociedades patriarcales como la española utiliza con la persona con discapacidad el mismo patrón que con la mujer. Un trato de sobreprotección, paternalismo y mucha condescendencia.


No es lo mismo depender de una persona que está contratada y está realizando un trabajo a que tu vida depende de la buena voluntad de alguien

P. ¿Hacia dónde deberían ir las políticas sociales en este país para actuar ante las desigualdades que existen?

R. Se debería enfocar hacia el empoderamiento de las personas con discapacidad. En España, con el tipo de régimen de bienestar que tenemos, que es el mediterráneo, donde las políticas sociales que se crean son políticas sociales subsidiarias, van a cubrir lo mínimo. En este caso, la gran provisión de los recursos que necesita una persona con discapacidad van a seguir estando en el entorno familiar y por lo tanto, en la mayoría de los casos, recaerá en la mujer. Es decir, es un círculo vicioso del que todavía no se puede salir.

Existe una figura, que debería de desarrollarse en España, que es la figura del asistente personal. Eso crearía un verdadero empoderamiento de la vida. Porque no es lo mismo depender de una persona que está contratada y está realizando un trabajo a que tu vida depende de la buena voluntad de alguien. Yo, por ejemplo, necesito ayuda para levantarme todas las mañanas y eso como "buena familia española" recae en mi madre. Eso implica que yo no tenga la libertad de levantarme a las siete de la mañana o a las doce de la mañana si me da la gana. Tengo que depender de la buena voluntad o su disponibilidad y eso crea mucha frustración, dependencia material y emocional, así como falta de calidad de vida y autonomía. Además de la dificultad de poder iniciar un proceso emancipatorio del entorno familiar.



P. Entiendo por lo que dices que, en caso de recibir algún tipo de apoyo económico por la discapacidad adquirida, no es suficiente para poder contratar a una persona que cumpla con esta función de asistente personal.

R. La Ley de Dependencia (autonomía personal) ofrece una ayuda puramente subsidiaria de 300€ que, evidentemente, con eso no es suficiente. Yo, por ejemplo, al cabo del día necesito unas tres o cuatro horas de ayuda, que no son las veinticuatro horas que la sociedad puede pensar o puede interpretar que necesita una persona con discapacidad. Porque, con el concepto de discapacidad aceptamos ciertas características comunes y eso no es así. Dentro de la discapacidad hay una amalgama de necesidades y maneras de vivir que difieren de manera notable, repitiendo de alguna forma la anterior respuesta, debemos de observar a la persona con diversidad funcional desde una multiplicidad de enfoques porque hacerlo solamente desde la discapacidad distorsiona nuestra relación con las personas del colectivo.


P. Siguiendo con tu experiencia personal, ¿cómo has vivido el confinamiento?

R. En marzo escribí un artículo que lo titulé "la sociedad discapacitada", hablando sobre cómo en el tiempo de confinamiento la sociedad estaba experimentando una vida que casi cuatro millones de personas vivimos a diario. El hecho de no poder salir de casa, trabajar, salir con los amigos o infinidad de cosas. Se ha visto un grado de incomprensión hacia el colectivo brutal. Porque los cuarenta y seis millones de españoles han vivido lo mismo que una persona con discapacidad sin llegar a esa reflexión .

Yo he tenido la suerte de no estar infectado pero, si se hubiese dado el caso, hubiese sido algo caótico. Imaginate si mis padres, con los que convivo, se hubiesen infectado. No conozco políticas o medidas para esos casos y hubiese sido horroroso. Imaginate mi madre, que es la que me ayuda, que hubiese necesitado hospitalización. Me hubiese quedado colgado. Existe mucha desprotección ante situaciones que no son muy habituales.

Estoy en contra del modelo que separa educación ordinaria de educación especial.

P. ¿Es la educación uno de los campos en los que es más necesario aplicar políticas?

R. Sin entrar mucho en el trapo, estoy en contra del modelo que separa educación ordinaria de educación especial. Es un trato discriminatorio y denigrante. Si de lo que se trata es de derribar prejuicios y estereotipos, dividiendo la educación no conseguimos derribar ese tipo de comportamiento.

Hay que tener en cuenta el grado de exclusión social que existe en la educación, en los diferentes niveles. Cuando llega un alumno nuevo con discapacidad a un colegio, seguramente en esa clase exista algún tipo de rechazo y eso al estudiante le afecta y por lo tanto influirá en su rendimiento académico. No es lo mismo que se sienta incluido dentro del grupo a que se sienta excluido.

Al mismo tiempo, es importante hablarle a los niños de la diversidad funcional, no podemos simplificar la respuesta que le ofrecemos a las niñas y niños con un "está malito" cuando nos preguntan "¿qué le pasa?". Gordon Allport, psicólogo social estadounidense, planteaba la hipótesis del contacto para derribar prejuicios. Esto quiere decir que los grupos se tienen que conocer y relacionar los unos con los otros para derribar ese prejuicios y eso hay que hacerlo en las tres etapas educativas.


P. Entiendo que sí es complicado dar el salto al mundo laboral para cualquier persona, más aún lo será para una persona con diversidad funcional.

R. Actualmente la tasa de paro de las personas con diversidad funcional es un 10% mayor a la tasa de paro de personas sin discapacidad. Vemos la tasa de paro general entre hombre y mujeres como una tragedia, y lo es, pero no se habla ni se publica nada de ese 10% más de desempleo.

El Informe Olivenza, publicado por el Observatorio Estatal de la Discapacidad, arroja el dato de que en Extremadura, la población con discapacidad, sufre un 40% de paro. Es un dato preocupante y te das cuenta como eso no cala en la sociedad. Igual que la movilidad geográfica, donde existe un 20% de diferencia entre la población con y sin discapacidad. Porque la emigración interior es mucho más compleja y eso limita las oportunidades laborales y eso redunda en un mayor número de ayudas estatales. Y por ello surge el proyecto "Close Far Job".

El proyecto básicamente consiste en buscar prácticas laborales en empresas a estudiantes universitarios con discapacidad

P. Hablanos sobre este proyecto.

R. El proyecto surge en mayo del año pasado, se llama Close Far Jobs (Cerca, lejos, trabajo). Lo empecé a desarrollar a partir de mi experiencia previa en prácticas curriculares y extracurriculares con un modelo de teletrabajo y la motivación por dar un servicio a una necesidad que no está debidamente cubierta para los estudiantes universitarios con diversidad funcional. Tras casi ocho meses de desarrollo, la Fundación Altavista se interesa por el proyecto y continuo desarrollándolo junto con mis compañeros de la Fundación. El proyecto básicamente consiste en buscar prácticas laborales en empresas a estudiantes universitarios con discapacidad, sin importar qué universidad o qué empresa. Es decir, un estudiante con discapacidad de la Universidad de Sevilla puede hacer prácticas en una empresa de Barcelona o al revés, sin tener en cuenta el factor presencial, ya que en muchas situaciones supone un lastres. Prácticas que van dentro del currículum académico y son remuneradas. La ley no obliga a esa retribución económica pero para nuestro proyecto es un principio básico para nosotros.

Ahora mismo estamos poniéndonos en contacto con las universidades para establecer convenios de colaboración para que ellas prescriban lo que les ofrecemos a sus estudiantes universitarios con diversidad funcional.

El objetivo es empezar en este primer año con diez alumnos, desarrollando un periodo de prácticas de seis meses y en el caso de no quedarse en la empresa tras esos seis meses se haría un seguimiento para intentar conseguirles otra empresa. Así como potenciar su perfil en redes sociales porque al final lo que pretendemos ser es como un servicio de empleo privado.


P. ¿Por qué teletrabajo?

R. Los estudiantes con discapacidad tienen un gran handicap de movilidad y accesibilidad a las ciudades. Digamos que este aspecto es un factor muy excluyente, las ciudades no están diseñadas para todos, solo para determinados grupos. Hay un dato, "200.000 personas tienen problemas para salir o entrar de sus casas. Y no solo eso, también para acceder a un bar, teatro, cine, discoteca... etc. Es un asunto muy preocupante porque eso incide en la exclusión social de los grupos, en este caso de las personas con discapacidad. Por esto mismo, el teletrabajo es necesario para España. Antes de la pandemia era necesario y tras la situación que estamos viviendo se torna en una necesidad imperiosa, no solamente para estudiantes y trabajadores con diversidad funcional sino para todo el tejido productivo orientado al sector servicios, que es en su mayoría.

Las personas con discapacidad sufrimos un trato denigrante que comienza con la visión que tenemos de la discapacidad

P. Pero, las ciudades deben ser cada vez más accesibles, toda edificación de nueva construcción debe cumplir con esa legislación.

R. Tú lo has dicho, deberían de ser más accesibles. La cuestión es que existen lagunas, como en toda ley. Y se suele hacer mucho. No hace mucho tuve una conversación con un arquitecto que tiene un estudio y charlaba con él sobre esta problemática. Hay muchos bares o tiendas de ropa que le dicen al arquitecto, oye, buscame una laguna jurídica para no hacer un probador accesible y lo ponen como almacén y así ya no están obligados. Tu entras en muchos bares y ves que el cuarto de baño adaptado lo tienen lleno de cajas de botellines como almacén.

Hace dos años fui de cena con unos amigos y estuvimos por varios bares de Sevilla, terminando en uno de la Alameda que tiene dos plantas, no recuerdo el nombre, tenía un ascensor e íbamos a subir arriba pero el ascensor estaba de almacén. Total, nos tuvimos que quedar abajo.

Del mismo modo, resulta denigrante como en los cines siguen colocando el espacio para las personas con discapacidad en una esquina o en primera fila, abajo del todo. Volvemos a lo mismo que llevamos hablando toda la entrevista. Las personas con discapacidad sufrimos un trato denigrante que comienza con la visión que tenemos de la discapacidad. No podemos articular el pensamiento en acción de "¿No es accesible?", "Mala suerte, quédate en casa", porque al final este comportamiento se parece mucho al que existía en Alemania los años previos a la II Guerra Mundial, que había ciudadanos que no podían entrar según qué bar o pasear por algún parque o calle. A priori, esta comparación puede ser descabellada, pero si nos acercamos un poco a la realidad de cada persona con diversidad funcional que no puede entrar a un bar, ir a una discoteca, pasear por un parque, usar autobús o metro, nos daremos cuenta que se parecen bastante con respecto a lo que se vivió en Europa en la segunda mitad del siglo XX.


Entrevista: Alberto Mejías.