Entrevista | Antonio Manuel

04.12.2020

Hablar de Antonio Manuel es hablar de un andaluz de Almodóvar del Rio comprometido. Profesor de Derecho Civil de la Universidad de Córdoba, jurista, escritor, músico y activista por y para la causa andalucista. En una fecha tan señalada como el 4 de diciembre es esencial escuchar las palabras de una persona que reivindica los valores de hoy los 365 días del año. 


Pregunta: Según los últimos datos de EAPN-Andalucía, el 38,2% de la población andaluza vive en riesgo de exclusión social. ¿Está Andalucía condenada a ser eternamente pobre y excluida?

Respuesta: Me estremece escuchar que Andalucía va a ser eternamente pobre y excluida, pero me temo que si las estructuras económicas, políticas y financieras no se modifican, así será. La única forma de cambiar estas estructuras es empoderando, no hay otra manera. Si vamos a esperar a que llueva, como el maná, dinero de Europa, del Estado para corregir las brechas sociales que tenemos internamente en Andalucía y en relación con el resto del Estado y de Europa, mal vamos. Seguiríamos manteniendo el principal mal, el mal de los males: la subordinación, la subalternidad, la dependencia. La única forma de salir de la pobreza es precisamente empoderarse políticamente y ser conscientes de las riquezas que tenemos en Andalucía, y ser conscientes de que podemos ser nosotros quienes las explotemos y saquemos todos los valores añadidos a las mismas.

Actualmente los centros de poder se encuentran fuera de Andalucía y, no nos equivoquemos, el que centros de poder financieros o políticos se coloquen en Andalucía no servirán de mucho si el pueblo sigue sin empoderarse.

"El pueblo andaluz se encuentra depresivo"

P. Ya no es cuestión de pobreza y falta de posibilidades, que también, sino la infravaloración de nuestra valía por la forma en la que hablamos.

R. Esta percepción propia y ajena de considerarnos un pueblo menor por la forma de hablar tiene que ver mucho también no solo por la percepción sino por la realidad de ser un pueblo pobre. Yo incluso me atrevo a afirmar que son síntomas de una enfermedad aún más grave que es la depresión. Yo no tengo ningún miedo a decir que hoy el pueblo andaluz se encuentra depresivo. De la misma manera que una persona que padece depresión no hace las cosas no porque no quiera sino porque no puede quererlo, tiene amputada la voluntad. El pueblo andaluz ha perdido la voluntad, porque ha perdido la esperanza, y no me cabe la menor duda que fue la consecuencia del mal uso de la autonomía que conseguimos. El pueblo andaluz consigue su epifanía como pueblo, su autoafirmación nacional. El 4 de diciembre sale a la calle para reivindicar su empoderamiento, su autogobierno, lo consigue en las urnas, salvando todos los escollos, y después todo eso ha servido para ser uno más, ninguneado, despreciado o ser usado como un semillero de votos. Sería un necio si no dijese que no hemos avanzado con relación a hace cuarenta años pero eso es consecuencia de la propia evolución de los tiempos. Es que hace cuarenta años no había móviles, y hoy sí. Sin embargo, los índices relativos siguen siendo igual de catastróficos en cuanto a educación, paro, migración... Que uno de cada tres parados sea andaluz, la mitad sean jóvenes o que hayan emigrado un millón de jóvenes desde que comenzó la primera crisis, a mí me parece de una extraordinaria gravedad, pero me parece mucho más grave que no seamos conscientes de eso. Que nos hayan puesto una venda para no verlo. La cuestión de la pobreza y la falta de posibilidades está íntimamente ligada con esa perga de la autoestima, porque la única forma de salir de la pobreza es precisamente recuperar la autoestima como pueblo y para eso tenemos que curarnos de esta depresión que nos está devastando el alma.


P. Hablando de nuestra habla, ¿la conocemos? ¿la valoramos realmente con todos sus condicionantes socioculturales?

R. En absoluto, en absoluto. El pueblo andaluz sabe que habla diferente y se enoja y se indigna cuando somos ofendidos e insultados pero, carecemos de herramientas para poder defender por qué hablamos así. Y eso es consecuencia de dos males principalmente. El primero, que hemos asumido como dogma muchas de las mentiras del nacionalcatolicismo, especialmente a partir de la conquista. Es decir, haciéndonos creer que somos hijos de repobladores castellanos y del norte peninsular. Oye, si es así, por qué los asturianos o los cántabros no hablan como yo. En segundo lugar, porque muchos de los estudios que se hacen sobre el andaluz parten precisamente de esa premisa equivocada. Es decir, son evolución de ese castellano y no es del todo cierto. Claro que el pueblo andaluz aprendió el castellano, pero igual que en su momento aprendió el árabe y en su momento el latín. Cada una de esas hablas forman parte de un sustrato que, como si fuese un palimpsesto, ha fabricado esta lengua tan hermosa de resistencia que es el andaluz, que provoca que aún se emitan en nuestra garganta sonidos y palabras de las civilizaciones que nos antecedieron. Para eso hay que tomar conciencia de la continuidad histórica de nuestro pueblo. Solamente se puede explicar que yo hable así porque también hablaba así, de forma diferenciada, Trajano. Y eso no quiere decir que Trajano hablase andaluz o el andaluz que yo hablo, ni muchísimo menos. Pero sí que tiene que ver con que hubo una época de esplendor cultural derivada de la edificación de sustrato sobre periodos de culturas muy luminosas. Es decir, no es casualidad que cada una de las civilizaciones que llegaron a Andalucía consiguiesen aquí su máximo esplendor: porque estaban ante un suelo, ante un pueblo culto. Un pueblo que ha ido evolucionando hasta que definitivamente se decreta que tenemos que estar condenados al analfabetismo por herejes, por distintos. Esta maldición que hoy en día mal soportamos es la que ha hecho desconocer nuestra propia historia y, por supuesto, la de no reconocer la belleza, historia milenaria de hablar. Se trata de la lengua de un pueblo.

"Es muy doloroso el desconocimiento que tenemos de nuestra propia historia"

P. ¿Hasta qué punto tenemos una percepción errónea de nuestra historiografía?

R. Es muy doloroso el desconocimiento que tenemos de nuestra propia historia. Es doloroso porque se te clava en los ojos cuando vas de visita a cualquier lugar en Andalucía y ves castillos árabes, murallas árabes, puentes romanos, es decir, somos hijos de otras civilizaciones. Escultura griega, máscaras fenicias, etc. La pregunta siempre es la misma; ¿aquí no había nadie o qué? Esto siempre ha sido un solar que han desembarcado otros pueblos.

El gran problema es no reconocer que hay una continuidad histórica desde tiempos inmemoriales donde por supuesto se han abrazado a distintas civilizaciones y todas ellas las hemos hecho nuestras. El problema es que todas ellas o han sido extranjerizadas o han sido españolizadas. A mí me llama poderosamente la atención que se consideren íberos a todos los restos o casi todos los restos anteriores a la bética. Pero, ¿qué pasa? ¿Había una uniformidad cultural en toda la península para llamarlos íberos? Me parece un completo disparate. Y, sin embargo, se hace para hacernos creer que existe una especie de España y que ésta sufre una anomalía especialmente en el sur y en el levante peninsular. Es decir, en las zonas de acogimiento cultural del mediterraneo. Y esto llega a su máxima esquizofrenia cuando se extranjeriza precisamente uno de los periodos más luminosos de nuestra historia.

Claro que no conocemos nuestra historia, por eso no conocemos, no entendemos las cosas que nos pasan, por eso no somos capaces de ver y entender la realidad social en lo que consiste lo verdaderamente andaluz como un fenómeno social de resistencia, como un fenómeno de un pueblo que se ha negado a olvidar y que, sin embargo, se ha olvidado de porqué lo ha hecho. Creo que debemos reconocer el mérito a todas las personas que nos antecedieron, a nuestras madres, abuelas, padres y abuelos, porque transmitieron todos sus saberes aunque no entendieran el porqué. El problema es nuestro, actual, contemporáneo, porque ahora es cuando tenemos las herramientas. Es doloroso y sangrante que todas las universidades del planeta nieguen la reconquista o la repoblación de un solar por extranjeros del norte y, sin embargo, nosotros sí asumamos esos valores e incluso nos encontramos, cada vez más, con andaluces que reniegan de su identidad cultural, abrazando precisamente la identidad cultural que ha abrazado precisamente toda esa luz. Por supuesto que desconocemos nuestra historiografía, y es responsabilidad de quienes han gestionado nuestra autonomía durante estos cuarenta años, porque han sido ellos quienes no han incluido en los curriculum escolares nuestra historia, nuestra identidad. Ser andaluz no es celebrarlo el 28 de febrero con un desayuno molinero, sino conocer quién fue Maimónides, Averroes, quién fue Séneca, Rumayquilla, Motamid. Conocer las diferentes fases, la complejidad de Al-Andalus y admirar con la misma importancia la revolución cordobesa de 1009 que la revolución Francesa de 1789. En definitiva, somos culpables nosotros de haber estudiado a Mozart, que tenemos que hacerlo, y no a la Niña de los Peines, que tambíen tenemos que hacerlo.

No sólo son responsables quienes nos han gobernado, sino también quienes hemos consentido ser gobernados así. Por eso decía que esta pérdida de esperanza es muy dolorosa porque nos deprime como pueblo y nos roba esa autoestima. Sin embargo, fijate que, como si fueran los espasmos de un amputado, cuando somos atacados de repente salimos, parece que necesitamos el ataque. Pues a ver si, sin la necesidad de ese ataque, llegamos a tomar conciencia de nuestra propia historia para que de esta manera podamos enseñarla con total normalidad a nuestros hijos, nietos, porque lo encuentren en sus libros de texto y cuando se vayan a presentar a la EVAU, selectividad, sepan defender nuestra forma de hablar diciendo que es fruto de culturas tan luminosas como la que llevó el racionalismo aristotélico a la sorbona.

"Yo admiro a todas estas generaciones pasadas que no tenian qué comer, que no tenian donde dormir y, sin embargo, nunca perdieron la dignidad"

P. ¿Qué pretendías con la publicación de tu libro, "La huella morisca. El Al-Andalus que llevamos dentro?

R. Yo llamo huella morisca a la capacidad de resiliencia del pueblo andaluz cuando se produjo la conquista progresiva de Al-Andalus. Y cómo el pueblo encriptó todo su pasado luminoso en su forma de sentir, hablar y mirar. Olvidando algunas veces porqué lo hacía y otras, generando mecanismo de resistencia simulando el opuesto, para que no pudieran ser perseguidos por distinto. Ya sean judios, musulmanes, gitanos o negros. Incluso los que se asimilaron desde el primer momento porque asumieron la religión y la lengua del conquistador y eran exactamente igual que los conquistadores. En definitiva, todo esto que acabo de explicar qué es, pues que la expulsión que nos cuentan fracasó, que la repoblación que nos cuentan es mentira, que lo que verdaderamente pasó es que una gran mayoría del pueblo se quedó y esos mismos se quedaron desprovistos de su lengua y la forma de entender la vida la mantuvieron de pellejo a dentro, en la garganta. La huella morisca es el intento de colocarnos unas gafas para poder ver lo que está a nuestro alrededor. O si me permitís, el colocar un espejo para reconocernos dentro. Y yo lo he percibido en cada presentación, cada vez que he ido a cualquier pueblo y he podido contar esas huellas que permanecen de resistencia, yo he visto cómo la gente se emocionaba y eso hay que llevarlo a la contemporaneidad. Es decir, todas esas huellas que han resistido durante quinientos años, precisamente hoy que podemos detectarlas e interpretarlas, se están perdiendo. Por eso lo que reivindicaba no solo son las huellas, sino también el espíritu de rebeldía, de resistencia.

Yo admiro a todas estas generaciones pasadas que no tenían qué comer, que no tenían dónde dormir y, sin embargo, nunca perdieron la dignidad. Y yo ahora lo que percibo son personas que sí tienen dónde dormir, que sí tienen qué comer y, sin embargo, renuncian a su identidad, renuncian a su dignidad como pueblo. Esto no me lo esperaba, sinceramente, esto no me lo esperaba. Por eso, la huella morisca también es un grito de rebeldía, posiblemente hoy más necesario que nunca.

P. ¿Qué guarda tu afirmación "Andalucía es una matria"?

R. Ojalá fuera una expresión mía, lo de que Andalucía es una matria yo se lo escuché por primera vez al Cabrero y se lo leí a Paco Gamboa, pero lo que viene a reivindicar es el concepto "tierra", el tener presente que Andalucía no nos pertenece, sino que somos nosotros los que le pertenecemos a ella. Como si hubiera un cordón umbilical que nos ata a una identidad inmemorial que, por cierto, es igual que la de una madre, basada en los cuidados. Una madre que cuida y mima y la que aparece casi siempre invisible y, sin embargo, la que nunca falta. Andalucía como una matria no es más que reconocer que tiene nombre de mujer, impugnar los valores que hemos heredado del patriarcado. En realidad, la reivindicación de Andalucía como matria no es más que la reivindicación de muchísimas palabras que son feminizadas y que están íntimamente vinculadas a ella como libertad, como paz, como tierra y como esperanza.

"La mujer andaluza es, sin duda, la pieza clave por la que hoy podemos reconocernos como andaluces y andaluzas"

P. Hasta qué punto está invisibilizada la figura de la mujer andaluza.

R. La mujer andaluza es, sin duda, la pieza clave por la que hoy podemos reconocernos como andaluces y andaluzas. Fueron ellas las que custodiaron nuestra memoria, y lo hicieron en sus espacios de reclusión y de intimidad, dentro de las casas. Allí pervivieron los olores, los sabores, la pulcritud, la blancura, la vida de las macetas. Es verdad que digo que es paradójico, porque esa misma mujer en mitad de la madrugá en un contexto machista se colocaba en un tablao para decir que ella era la que tenía el poder. No conozco un gesto más emancipatorio que el de la mujer flamenca. Esta paradoja de vivir dentro de la casa en un contexto machista y fuera de la casa ocupando un espacio insólito para los tiempos que corrían. Yo creo que las mujeres en general han estado invisibilizadas y tenemos que aprender muchísimo del feminismo como movimiento social y rebelde. Lo han hecho desde el orgullo y la alegría, ellas han enarbolado de la rebeldía pero sin perder la sonrisa, y lo han hecho reivindicandose como mujeres, y creo que tenemos que aprender mucho los que entendemos que existe una falta de autoestima en la dignidad andaluza y los que nos sentimos andaluces, porque nos adscribimos libremente a una identidad que no es abrasiva sino abrazante, que no es excluyente sino inclusiva. Los que creemos que tenemos que defender la identidad andaluza ante el peligro de una uniformización globalizadora, ante los peligros del capitalismo y la falta de conciencia de clase. Yo creo que uno de los paradigmas es precisamente la lucha feminista.

En particular, la mujer andaluza sufre una doble discriminación, por mujer y por andaluza, por una identidad colonizada, aplastada y, si me apurais, dentro de Andalucía, como puede ser el gitano, ya sufren hasta triple marginación. Por lo cual, la resistencia y resiliencia de estas mujeres son ejemplo.

P. ¿Es posible un cambio social en nuestra tierra? ¿Cuáles son los factores necesarios?

Yo creo que no solo es posible sino que está cercano porque hemos vivido sucesivas crisis; primero la crisis económica e inmobiliaria que arrastró a Andalucía a la pérdida de casi todos los poderes financieros, hemos vivido una crisis territorial que se mantiene como consecuencia de las tensiones por el proceso catalan que ha contaminado y ha pervertido el discurso territorial en el resto del Estado. Hemos vivido otra importantísima crisis institucional por la corrupción del bipartidismo y que supuso la creación de nuevos partidos, y con todas estas tensiones siempre ha existido un polo vertical frente al horizontal clásico de izquierda o derecha. Es decir, lo viejo contra lo nuevo, los de abajo contra los de arriba y yo creo que hay un nuevo elemento, afortunadamente, que somos los que reivindicamos la periferia frente al centralismo, los que reivindicamos tomar conciencia de nuestros propios problemas para aportar nuestra propias soluciones. Eso necesita un proceso constituyente y emancipador que pasa necesariamente por la toma de conciencia de los problemas. Lo primero es tener la capacidad crítica y la independencia para opinar sin ningún tapujo de que seguimos siendo marginados dentro del Estado, en los propios presupuestos generales del Estado y por las fuerzas que nos gobiernan, tanto en Andalucía como en Madrid.

Desde un punto de vista simplemente partidista sería mucho más útil tener una voz en el congreso andalucista que un silencio. Pero, todo eso pasa por que exista un único sujeto político que se llama Andalucía. El cambio social creo que va a venir porque estamos percibiendo ese nuevo eje, Andalucía defendiéndose del centralismo, porque ya está bien que enarbolen la bandera del nacionalcatolicismo para decir que con ella nos van a proteger, lo único que van a hacer es mantener un modelo liberal, excluyente-privilegiado, anclado en privilegios medievales que creimos ilusamente que iban a cambiar con el régimen del 78 y que, afortunadamente, muchos elementos han cambiado pero, sin embargo, para Andalucía, a niveles relativos, estamos exactamente igual.

Todo pasa por la toma de conciencia porque todo lo demás vendrá. La hoja de ruta creo que está clara, hay que apostar por las energías renovables, apostar por un modelo sostenible en la economía, acabar con este modelo dependiente del turismo, todo eso lo tenemos muy claro. Pero, ¿cómo vamos a conseguir eso sin irnos a lo más básico? ¿qué significa ser andaluz? Incluso niega la existencia de ella. Claro que es necesario y urgente hilvanar concepto de clase con el concepto de pueblo para conseguir un cambio social.

"Se puede ser andaluz de izquierdas o de derechas pero, solo se puede ser andalucista de izquierdas"

P. Mientras gobierna la derecha, estamos presenciando diversos movimientos políticos en la izquierda, incluso varios que intentan abanderar el andalucismo.

R. Se puede ser andaluz de izquierda o de derechas, pero solo se puede ser andalucista de izquierdas. Por una razón obvia, un andalucista tiene claro que solo existe un sujeto político que se llama Andalucía y el pueblo que la integra. El pueblo que decide libremente adscribirse a esa identidad. Podemos decir que a fecha de hoy este pueblo vive en la periferia con unos índices de marginalidad dolientes y vergonzantes. En educación, en desempleo, en sanidad, en migración, y eso no se puede solucionar con medidas liberales que mantienen los privilegios de los más ricos. Por mucho que se lien en una bandera de Andalucía. Lo más grave es que viven en una dicotomía permanente parasitando de la derecha franquista y, a la misma vez, queriendo decir que no han dejado de ser andaluces del tópico.

Ser andalucistas de izquierda tampoco es obedecer y acatar las órdenes de Madrid, por mucho que también se disfracen con una bandera andaluza. Muchos hemos intentado inculcar el andalucismo en todas las conciencias para que luchen contra esta brecha. A mí me parece mucho más andalucista Clavelo Arévalo, cuando dimite de la UCD pidiendo autonomía para Andalucía, cuando pide cláusulas y reivindica deudas históricas, colocándose en las mismas reivindicaciones del pueblo, aunque sea liberal, y eso me parece mucho más andalucista que quien se envuelven en la bandera andaluza reivindicando la izquierda pero acatando las decisiones que se toman en Madrid. Yo creo que los movimientos políticos de la izquierda no tienen más remedio que ser andalucistas si verdaderamente quieren reivindicar el fin de la brecha social entre Andalucía y el resto del Estado, y todo lo demás solo es juego de artificio. Son trajes de maniquí. Y yo no quiero que me vuelvan a engañar, mi posición es clara, yo soy libre, independiente, soy andalucista, lo he sido y lo seré. Y ser andalucista, reitero, es entender que quien tiene que empoderarse es el pueblo andaluz. Es la célula embrionaria de un sujeto político que se llama Andalucía.


P. ¿Es el andalucismo la única vía para conseguir una autonomía y crecimiento social real?

R. No me cabe la menor duda de que sólo a través del andalucismo se pueden corregir las desigualdades de Andalucía, porque cualquier otra ideología la perpetúa, o bien en relación al capitalismo o bien con relación al centralismo. Es que no se puede tratar por igual a los desiguales. Si yo tengo cuatro panes y tengo que repartirlos ante cuatro personas, lo justo no es darle uno a cada uno, lo justo es darle más a quien más necesidad tenga, a quien más le cueste poder adquirirlo. Y eso es lo que le pasa a Andalucía. Entonces, si queremos solucionarlo no nos basta con mendigar a Madrid para que nos den más, no basta con mendigar a Bruselas. Somos nosotros los que tenemos que trabajar, sembrar el trigo para recogerlo, amasarlo, hacer harina y meterlo en el horno que hayamos construido con nuestras propias manos. No me cabe la menor duda de que solo el andalucismo es la vía. Lo que ocurre y reitero es que el andalucismo tiene que convertirse en la ideología de vanguardia. Volver a recuperar la modernidad que tuvo en la década de los setenta. Yo creo que eso verdaderamente está pasando. No puede ser el símil de una ideología casposa o rancia o anticuada. No puede ser el símil de la nostalgia o la melancolía. El andalucismo es el símil de la vanguardia.

En las sucesivas crisis siempre se han vivido polos de novedad. Los que intentaron impugnar el bipartidismo ya pertenecen a la vieja política y se han incrustado dentro del establishment. Tanto en la ideología como en la distribución política del poder del Estado. Se nota muchísimo en cómo han fracasado estrepitosamente más allá de Madrid, y solamente queda Andalucía por despertar. De modo que, si Andalucía despierta tiene que hacerlo por la vía del andalucismo. Entendiendo que la reivindicación andalucista tiene que verse vinculada sí o sí con la restauración de la conciencia de clase que, desgraciadamente, hemos perdido. Yo cuando veo la foto de hace cuarenta años con las banderas de Andalucía, veo a profesores de universidad y a jornaleros. Es decir, veo a intelectuales, poetas, artistas y gente que trabajaba a pie de calle, y es lo que tenemos que conseguir, la transversalidad del andalucismo. Y eso se consigue haciendo ver que es la solución frente al centralismo que nos ha olvidado, al capitalismo que nos ningunea y nos avasalla y a esa izquierda que nos quiere tratar como iguales siendo desiguales. Me rasgo las vestiduras cuando veo a gente de izquierda defender las desigualdades en cualquier lugar del planeta menos en el lugar donde vive. No puede ser verdad que tengamos una inversión per cápita por debajo de la media y nos sigan vendiendo la moto de que somos como el resto de España. La cuestión es que existen unas desigualdades terribles dentro de Andalucía y que también las hay hacia fuera, y esa solución no va a venir de fuera, tiene que venir desde dentro. Así pues, a tu pregunta de si es el Andalucismo la única vía para conseguir una autonomía y crecimiento social: la pregunta era la respuesta, sí. El andalucismo es la única vía para conseguirlo.


P. ¿Por qué piensas que nunca las corrientes andalucistas han conseguido tener una presencia fuerte y duradera en el Parlamento Andaluz?

R. Es una pregunta trampa y te voy a intentar explicar, a mi juicio, por qué lo es. Cuando irrumpen las fuerzas políticas en la transición, todas son andalucistas, porque o son andalucistas o no entran. Es decir, la única que en ese momento no lo es, es la UCD, pero todas las demás tienen un fuerte componente andalucista. Otra cosa es cuánto de andalucismo tienen, nadie hace un control o un pedigree andalucista, pero no me cabe la menor duda de que andalucista era Clavero Arévalo, que andalucista era Rojas Marcos y que andalucista era Rafael Escudero. ¿Qué es lo que ocurre a partir de entonces? El discurso andaluz, que no andalucista, acaba siendo fagotizado por la izquierda simbólica del PSOE. La destitución de Escudero, y con el poder de Madrid que consigue Felipe Gonzalez, hace desaparecer por completo las reivindicaciones andalucistas tal cual. Y, sin embargo, vuelve a entrar esa ideología con el Partido Andalucista, que en uno de sus errores históricos fue renunciar a la "S" de la socialdemocracia, al socialismo

Es a partir de lo que denominó como la pinza y el ataque descomunal que recibe la segunda legislatura de Izquierda Unida, más las divisiones internas del Partido Andalucista en esa tensión entre ser un partido vacio, sin ideología y solamente con una bandera, y quienes todavía defendian un partido verdaderamente de izquierdas, quienes provocan esa fractura en la medida en la que el andalucismo se asemeja ideológicamente al PNV o CIU, que para nada tiene que ver con la esencia reivindicativa de quienes salieron con la bandera a la calle en Andalucia pidiendo autonomía, libertad y justicia social en 1977. Yo creo que ha habido presencia andalucista, en mayor o menor medida, hasta que es fagotizada por el Partido Socialista, Izquierda Unida renuncia a Andalucía y el Partido Andalucista a la izquierda.

Lo que estamos viendo ahora es que lo viejo no termina de morir y lo nuevo no acaba de nacer. Hay una tensión permanente y una necesidad por que exista una voz andaluza en Andalucía y también en Madrid. A mí me parece que es emocionante y esperanzador lo que ocurre, que se necesita no solamente de herramientas partidistas, sino también de herramientas sociales y culturales. Si aquello ocurrió en la década de los setenta, reitero, es porque el andalucismo significaba ser vanguardia y hoy más que nunca es necesario recuperar ese sentimiento en todos los aspectos. Y no me cabe duda de que si eso ocurre desencadenará en un movimiento político, ya sea con una herramienta partidista o con una herramienta ciudadana y civil, que todos los pueblos precisan.

"Andalucía no está representada en el mapa político actual"

P. ¿Está Andalucía representada en el mapa político actual?

R. No, Andalucía no está representada en el mapa político actual, si entendemos como mapa político herramientas partidistas con voz propia andaluza. Yo creo que desgraciadamente no existe porque la herramienta está por construir, eso en el ámbito partidista. Y en el ámbito social yo creo que tampoco. Lo que sí noto y percibo es que como reacción al nacionalcatolicismo rancio y casposo de la derecha franquista que lo pretende inundar todo, existe una reacción natural de la gente andaluza que sabe que ese no es el camino. Que no se reconocen porque es recordarle la sumisión de otro momento histórico, aunque sea la misma que se sufre ahora. Y creo que si tomamos conciencia de esta sumisión, de esta colonización y esta subalternidad política y económica, yo creo que sí, que ahora tenemos un momento esperanzador para que pueda surgir esa representación para Andalucía en el mapa político.

Lo que sí creo que hay en la actualidad es una necesidad imperiosa para que así sea, lo percibo, sobre todo en muchísima gente joven que se define como andaluces, que saben y se sienten orgullosos de su forma de hablar, que les encantaría quedarse en Andalucía y no tener que emigrar como hicieron nuestros padres y nuestros abuelos. La diferencia es que en aquella época lo primero que hacía un emigrante era abrir una Casa de Andalucía, da igual que fuese en Barcelona o en Düsseldorf. Ahora, en esta exacerbación del individualismo, no lo hay, pero sí ponen la bandera de Andalucía en su cuarto y están deseando poder regresar y están orgullosos de ser andaluces.

Creo que existe en este momento un magma importante que está esperando la erupción y este volcán va a explotar y la lava se va a expandir poco a poco, viéndose la necesidad de una voz política propia de Andalucía en todos los centros de poder donde se encuentre.


Entrevista | Alberto Mejías