Entrevista | Antonio Chamorro

26.10.2020

Antonio Chamorro, educador social y pedagogo, cocreador del proyecto MENTORIS. Mediador e integrador en el ámbito de la violencia filioparental con una amplia trayectoria profesional habiendo trabajado con jóvenes y adolescentes en lugares como el Polígono Sur (Sevilla) y Tijuana (México).


Pregunta. ¿Cuándo y con qué objetivo nace el método MENTORIS?

Respuesta. Nace en el año 2015 con el objetivo de dar una respuesta a los preadolescentes, adolescentes y jóvenes que maltratan física, psicológica, económicamente, etc. a sus padres. Cuando hablan de violencia filioparental, yo hablaría de violencia filiomarental porque la violencia se ejerce, sobre todo, hacia la abuela y la madre. En el caso del padre, suele pasar que la hija se focalice más en él, aunque maltrata a ambos, pero a este último lo machaca. No hay datos a nivel de denuncia, pero a nivel nacional sí es el único tipo de violencia que se iguala entre hombres y mujeres.

P. Aunque este tipo de violencia se puede dar en cualquier tipo de familia y contexto, ¿qué características destacarías como determinantes?

R. Son padres sobreprotectores que, normalmente, son de clase media alta o muy alta, ni siquiera de media, suele ser de media alta. En el 100% de nuestros casos, el factor común que tienen esos chicos y chicas es la falta de autoestima a más no poder. Incluso nos hemos encontrado mucha gente que son o han sido víctimas de bullying, lo que se le llama frustración desplazada, es decir, donde yo estoy, que me están machacando y riéndose de mí, ahora llego a mi casa, a mi zona de confort y echo mi mierda a donde sé que me quieren. Porque aquí, como te envalentones conmigo, encima te meto un guantazo. En un 80% e, incluso, un poco más, el factor común es que consumen cannabis. Personalmente, con el tema del cannabis, como hay gente que fuma y tiene la vida normalizada, no lo ven como algo tan grave, pero la mayoría de personas que tienen un alto consumo no tienen la vida normalizada. Eso produce insensibilidad y un montón de cosas más. Encontrábamos hijos de médicos, hijos de policías... esos tipos de perfiles eran los que nos llegaban.

P. En alguna ocasión hemos podido escuchar una frase que usas: "educar es amar de forma ordenada", entendiendo esta expresión como el establecimiento de normas de los padres hacia sus hijos. ¿Crees que a los padres les cuesta poner normas y límites a sus hijos e hijas?

R. Claro, porque es ponerse normas y límites a ellos mismos. Cuando nosotros intervenimos, los padres están felices. Encontramos al padre mirando a un lado, a la madre mirando al otro y nosotros trabajamos para que se vayan girando y se pongan frente a frente. No se mueven bien en el conflicto porque eso significa cuestionarse a uno mismo. A nivel profesional lo que más nos cuesta no es mandar pautas a los chavales, ya que las correcciones y pautas que proponemos a los niños les cuesta al principio, pero al final entran, cambian, los chavales tienen esa elasticidad, esa flexibilidad. Lo que nos cuesta es hacer cambiar a los adultos.

P. ¿La sobreprotección de los padres sobre los hijos puede desembocar en una actitud tirana de estos últimos?

R. Sí, está relacionado porque entre la sobreprotección de los padres y la tiranía hay una cosa en medio, el miedo. De una a otra hay un puente de miedo que el tirano lo detecta. Yo siempre digo que hay tres animales que son los únicos que huelen el miedo: los caballos, los perros y nuestros hijos. El mejor psicólogo de un padre o de una madre es el hijo. En el momento en el que el hijo o hija huele la sobreprotección, huele lo que hay detrás: inseguridad, miedo. En el momento que hay miedo, los padres les están dando a los hijos las llaves del castillo de la tiranía.

P. ¿Cree que hay pocos profesionales dedicados al ámbito de la violencia filioparental?

R. Muy pocos y, quizás, haga falta formación. Hay que saber hacerlo y es muy difícil saber hacerlo porque por un lado tienes que tener la habilidad de iluminar a un chaval o una chavala y, por otro, conectar con los padres y decirles que tienen que modificar esto de una manera concreta, "toreando".

P. Con lo importante que es el contacto físico como, por ejemplo, un abrazo para mostrar cariño, ¿resulta complicado llegar a las personas en estos tiempos de pandemia?

R. Sí, claro... La gente te empieza a hablar y, sobre todo, los jóvenes que no tienen esa percepción, están hablándote y están dando un paso adelante para conectar emocionalmente contigo y tú echas un paso para atrás, entonces todo lo que has ganado ahí antes... es complicado. Digamos que mi inversión estaba en los abrazos, porque yo abrazo muy bien, tengo una magia importante, pero no se me ha acabado el rollo, ya que yo ahora lo que quiero es inventar los abrazos con la mirada y yo soy de los que piensan que con la mirada se puede hacer muchas cosas, porque ya lo pensaba de antes pero ahora que me han quitado los brazos, me tiro a los ojos. Eso del brillito en la mirada ahora coge mucha fuerza.

P. ¿Hasta qué punto pueden ser las redes sociales un factor negativo en el desarrollo del niño teniendo en cuenta que puede afectar a la educación que ha recibido por parte de sus padres y adquirir una percepción distorsionada acerca de lo inculcado?

R. Las redes sociales van a influir en todos los ámbitos. En la relación con los padres influye porque la comunicación se va enfriando, se deja en desuso. Los padres, por otro lado, lo ven bastante cómodo, porque los hijos e hijas no están dándoles la tabarra. La gente necesita espacio, pero se están equivocando porque todo el espacio que están teniendo como adultos lo están perdiendo con sus hijos y, al final, de dejar tanto espacio a los hijos, te lo invaden. Afecta no solo a los chavales, sino también a los adultos, ya que nosotros no nos damos cuenta de que consumimos muchas redes sociales. En definitiva, es un problema por parte de los dos, jóvenes y adultos. Por ejemplo, hay muchas madres y padres que están empujando el columpio con una mano y con la otra está en el WhastApp.

P. El programa "Hermano mayor" fue un boom televisivo donde se hablaba de violencia filioparental. ¿Hasta qué punto ha sido positivo o negativo ese producto y sus metodologías para proyectos como MENTORIS?

R. Yo, siendo un ejemplo de mala praxis, creo que ha sido positivo. Creo que esa praxis no la lleva nadie, pero ha sido positivo porque ha desenterrado una historia que no había. El símil que habría que poner con la violencia filioparental es que es igual a la violencia machista. Era una cosa que estaba ahí y de la que nadie hablaba. Esto es igual. Estaba latente y, de hecho, sigue escondido.

P. ¿En qué medida está ligada la violencia filioparental al consumo de drogas?

R. Está muy ligada. Como he comentado antes, yo me centro mucho en el cannabis porque se suele dar en chicos y chicas de 11 a 21 años. De hecho, yo he tenido chavales con 11 años fumando plata. El cannabis es un problema de los adultos porque lo vemos como algo que no es tan importante. Hay gente que me dice: bueno, Chamorro, está fumando porros, pero mientras no toque algo más gordo... Y es que algo más gordo es el cannabis, porque el cannabis es, además, la principal sustancia generadora de psicopatologías duales, es decir, genera bipolaridad, esquizofrenia, etc. Entonces, el problema es de los adultos, porque hay muchos chavales que fuman porros en sus cuartos y los padres les dejan.

P. ¿Y a la autoestima de los jóvenes?

R. Por supuesto. Yo explico esto como un árbol. Cuando hablamos de violencia filioparental, bullying, violencia machista de adolescentes, relaciones tóxicas, consumo de droga en gente joven... todo esto son ramas, pero el tronco de todo esto y raíz es el tema de la autoestima. Si tú estás mal, si estás podrido o seco, las ramas se mueren. Todos deberíamos trabajar en la autoestima.


Entrevista: Alba Gálvez

Fotografía: Lynx Photografy