Editorial | Este 8M no nos vamos a callar. Hermanas, vamos a luchar

08.03.2021
Ilustración | Elisa Gómez
Ilustración | Elisa Gómez

La historia del feminismo -los feminismos- está llena de lucha, fuerza, reivindicaciones y logros, y en un día como hoy, desde Extrarradio -en honor a las 146 mujeres que fueron asesinadas y quemadas en la fábrica textil en la que trabajaban por ponerse en huelga el 8 de marzo de 1911- consideramos importante recordar algunos de ellos; ya que, recapitular las victorias de las mujeres a lo largo de los años es esencial para entender que el feminismo es necesario -si no se ha entendido o hay resistencias a entenderlo aun- y reforzar nuestra identidad de grupo; ¡pues la unión hace la fuerza, mujeres!

Antes de seguir leyendo, para las personas que habéis entrado en este artículo y seguís pensando que el feminismo es lo contrario al machismo, os dejamos la definición que planteó Victoria Sau (2001, como se citó en Varela):

El feminismo es un movimiento social y político que se inicia formalmente a finales del siglo XVIII y que supone la toma de conciencia de las mujeres, como grupo humano, de la opresión, de la dominación y de la explotación de que han sido y son objeto por parte del colectivo de varones en el seno del patriarcado, bajo sus distintas fases históricas del modelo de producción, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquella requiera. (2018, p. 15).

Aunque podemos decir que el feminismo tiene antecedentes previos a la Primera Ola Feminista, ya que son muchas las mujeres que se han enfrentado al orden establecido en diferentes culturas, fue en el siglo XVIII, en plena Revolución Francesa, cuando las mujeres comenzaron a organizarse y movilizarse para exigir sus derechos civiles y políticos y abolir los privilegios de los hombres. Es decir, las mujeres empezaron a cuestionar en voz alta y en grupo el orden establecido, al mismo tiempo que el pueblo se levantaba contra los privilegios de la aristocracia. El lema más extendido de este primer momento es: "Sin derechos civiles para las mujeres no hay revolución"; ya que la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada en agosto de 1789, era realmente el reconocimiento de los derechos de los hombres exclusivamente y no un uso exista del lenguaje -no entraremos en la importancia del lenguaje inclusivo porque nos daría para otro artículo-.

A modo de reivindicación, Olympe de Gouges no tardó en publicar la Declaración de la Mujer y de la Ciudadana como defensa de la igualdad y la libertad para las mujeres. Otra de las obras fundamentales de la consolidación del feminismo como movimiento social y político es de Mary Wollstonecraft con su Vindicación de los Derechos de la mujer de 1792, en la que defiende la igualdad entre géneros.

Es por ello que las mujeres, al quedar excluidas de la ciudadanía, propiciaron el debate feminista en relación a la desigualdad de derechos del sistema patriarcal, que se nutre de la siguiente división de roles en la sociedad: la esfera pública es un espacio masculinizado, mientras que las mujeres quedan relegadas al ámbito privado.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, se da paso a la Segunda Ola Feminista, marcada por el primer gran logro feminista -o su comienzo-: el sufragio universal. Los derechos políticos se querían obtener mediante el voto, por lo que el sufragismo fue la lucha prioritaria para las feministas entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. La puesta en marcha del sufragio universal para todos los hombres evidenció aún más la discriminación a la que estaban sometidas las mujeres, ya que no se les permitió ni ser elegibles ni ser electoras. Fue en 1897 cuando nació el sufragismo británico, ligado a la concienciación como ciudadanas que propició una lucha llena de frenesí como la de Emmeline Pankhurst. Se crearon grandes asociaciones sufragistas, como las constitucionalistas y las militantes, hasta que finalmente las sufragistas británicas consiguen celebrar el voto femenino en 1928, mientras que en España fue en 1931, cuyas figuras relevantes fueron Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken. En relación a la educación, fue a principios del siglo XX cuando se regula el acceso a la educación superior a las mujeres, lo que les permite ir ocupando más espacios. Es imprescindible destacar como referente de esta nueva identidad de mujer más liberada a Simone de Beauvoir con su obra El segundo sexo, publicada en 1949.


Sin embargo, es la ocupación de las mujeres del espacio privado y la presión que conlleva dicha exclusión de los espacios de poder a ser las perfectas amas de casa, lo que trajo como consecuencia un problema que Betty Friedan trató en su libro Mística de la feminidad (1963) que dio paso a la Tercera Ola del feminismo. Se produjo el movimiento de liberación de la mujer, especialmente en el ámbito sexual, tomando conciencia del matrimonio como un contrato de opresión hacia las mujeres. Del mismo modo, se originaron y se empezó a trabajar con conceptos tan relevantes como patriarcado y sistema sexo/género, de igual manera que se comenzó a insistir en la importancia de la hermandad entre mujeres, que llamaron sororidad. Kate Millet publicó su obra Política Sexual en 1970, considerada un hito dentro del feminismo por ser la primera tesis doctoral sobre género que se hizo en el mundo. La autora de la famosa frase Lo personal es político, en relación al amor como herramienta de dominación:


El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, si no de la manera en que se empleó para engatusar a la mujer y hacerla dependiente, en todos los sentidos. Entres seres libres es otra cosa. (Millet, como se citó en Varela, 2018, p. 153).


En esta Tercera Ola fueron surgiendo diferentes feminismos, como son el liberal, el feminismo de la diferencia, el feminismo radical, el feminismo afro, el lésbico, el institucional, el ecofeminismo o el ciberfeminismo. En relación a este último, para concluir con la historia del feminismo, muchas personas coincidimos en que actualmente estamos viviendo la Cuarta Ola Feminista. En esta etapa está teniendo un protagonismo indiscutible el activismo feminista online, gracias a que millones de mujeres alrededor del mundo están siendo capaces de conectar entre ellas y mostrar sus realidades, tan diferentes en los distintos lugares del mundo, favoreciendo esto un efecto altavoz y la revolución feminista a nivel mundial: "Si tocan a una, nos tocan a todas". También, ha tomado fuerza el feminismo descolonial, que cuestiona el feminismo occidental y pone el foco de atención en la intersección de los conflictos de sexo-género, clase y raza, relacionándola con las instituciones y categorías culturales impuestas por el colonialismo y el neocolonialismo -asunto que vamos a tratar más adelante-. Cabe destacar la reinvidicación de la deconstrucción del sistema sexo-género y de los estereotipos de género, luchando también contra los cánones de belleza y a favor de la diversidad de cuerpos. Y como hito muy reseñable, más aun en un día como hoy, es el de la primera huelga internacional feminista, acaecida el 8 de marzo de 2018, secundada en más de 170 países por la lucha contra la violencia machista, la desigualdad de género y otras formas de opresión contra las mujeres y con el objetivo de visibilizar la explotación de las mujeres tanto en el ámbito privado como público.


Tras este recorrido por la Historia y las luchas de las mujeres, nos gustaría entrar a comentar algunas reflexiones que consideramos relevantes en relación a la actualidad. Son demasiadas las veces que hemos escuchado discursos en los que se nos ataca preguntando de qué nos seguimos quejando las mujeres si ya tenemos los mismos derechos que los hombres. En primer lugar, esta afirmación resulta peligrosa en tanto que hace referencia a la igualdad legal, pero, ¿qué sucede con la igualdad real? ¿Tenemos que quedarnos calladitas porque se nos ha dado el pedazo de privilegio de tener los mismos derechos que los hombres? -Hay que ver qué caprichosas somos-. ¿Qué hay de las prácticas sociales y culturales, de los discursos de los medios de comunicación, del imaginario colectivo y de la adquisición de patrones de conducta mediante los procesos de socialización? Las personas seguimos absorbiendo un discurso sexista y patriarcal, que va construyendo y educando nuestra mirada. En segundo lugar, porque se basa en el contexto sociocultural en el que nos encontramos, invisibilizando las realidades que no tenemos cerca, que se quedan al margen. Y las mujeres feministas luchamos por los derechos de todas las mujeres.

Este año, el 8 de marzo va a ser diferente a lo que se viene viviendo este día de conmemoración y lucha de los feminismos. Debido a la situación sanitaria actual, no vamos a poder llenar las plazas sin que quede hueco libre, no vamos a poder abrazar a nuestras hermanas, ni gritar en las calles por nosotras, por nuestras compañeras y por las que ya no están. Pero esto no va a suponer un impedimento para que las mujeres nos manifestemos el 8M, ¿sabéis por qué? Porque el hecho de que se hayan prohibido las manifestaciones en Madrid, que se llevaban preparando meses para tener en cuenta todas las medidas de seguridad ante el Covid-19, mientras que se han permitido otras, como la marcha negacionista de la pandemia, la neonazi o la manifestación para apoyar a la hostelería entre otras varias, es otro ejemplo más de lo necesario que es practicar y educar desde el feminismo en nuestro día a día. Las manifestaciones del 8 de marzo están en el punto de mira desde hace unas semanas, siendo criticadas, cuestionadas y juzgadas; incluso hay personas que están echando la vista atrás y señalando la manifestación del año pasado, el 8M de 2020 en Madrid, para culpabilizar a las feministas de contagios masivos y muertes por Covid. A las mujeres no nos sorprende este ataque porque siempre nos han querido calladas y sumisas con la intencionalidad de que dejemos de cuestionar el patriarcado. Pero nosotras no pararemos hasta derribarlo. Por lo tanto, son varios los colectivos que, además de organizarse para hacer concentraciones al aire libre y con todas las medidas de seguridad, están haciendo un gran trabajo desde el clickactivismo; difundiendo mensajes en diferentes redes sociales, compartiendo hitos y mensajes feministas y promoviendo la lucha y reivindicación de las mujeres. Por ejemplo, la activista feminista Bebi Fernández ha animado estos días a las mujeres a utilizar la frase "Seguimos aquí" como signo de guerra.

Siguiendo esta línea, un concepto que nos gustaría destacar en este 8M es el de la interseccionalidad, desarrollado en el 1989 por Kimberlé Williams Crenshaw, académica y creadora de la teoría crítica de la raza. Se basa en la conciencia de que cada persona pertenece a diversas categorías sociales que influyen en los privilegios y las opresiones que haya en un sistema social. La interseccionalidad es un concepto que pone de manifiesto la crítica al feminismo hegemónico, representado por mujeres blancas de clase media, para que entre en juego la diversidad de categorías sociales. Pongamos de ejemplo dos mujeres residentes en la misma ciudad andaluza. Una de ellas es blanca, bisexual y con un cuerpo aceptado por los cánones de belleza de su contexto sociocultural. La segunda es una mujer negra, lesbiana y con cuerpo no normativo. Aun siendo ambas mujeres, ¿tendrán las mismas oportunidades? ¿La sociedad las percibe iguales? Las intersecciones que se produzcan en cada persona están estrechamente ligadas al proceso de discriminación -múltiples discriminaciones-. Porque en este contexto sociocultural, impregnado de patriarcado, no es lo mismo ser una mujer con cuerpo normativo que una mujer gorda. No es lo mismo ser una mujer trans con diversidad funcional que una mujer trans, inmigrante y poliamorosa.

Podríamos seguir poniendo ejemplos con múltiples variantes de las categorías sociales que el sistema sexista y patriarcal rechaza y criminaliza. No obstante, lo que queremos reivindicar desde Extrarradio es la relevancia de reflexionar sobre los procesos de discriminación y alentar a las mujeres y a los feminismos a centrarnos en lo que nos une, que no es otra cosa que la caída del patriarcado desde la lucha y la reivindicación, pero también desde la educación en la igualdad y las buenas prácticas, promoviendo un proceso de autoconocimiento y deconstrucción de los esquemas mentales personales impuestos por nuestro proceso de socialización. No nos engañemos, sabemos que, en la mayoría de ocasiones, es un proceso doloroso: el impacto de abrir los ojos y darse cuenta que el machismo está en cada pequeño detalle del día a día -desde los carteles de los baños públicos, las letras de todos los géneros musicales que escuchamos, el lenguaje popular y el masculino universal, la manera en la que nos relacionamos con las demás personas, el modo en que nos han enseñado y hemos escuchado de hablar de otras mujeres, el "piropo"-acoso- callejero hasta la interiorización de tener que estar siempre insatisfechas con nuestro cuerpo e intentando cambiarlo para gustar- no es nada fácil, porque en el momento en el que lo llegas a percibir, no puedes dejar de verlo. Pero resulta muy liberador. Por lo tanto, desde Extrarradio invitamos a seguir en este proceso de lucha y a apoyarnos entre nosotras. Practicar la sororidad es una pieza fundamental de la lucha feminista.