Editorial | Brecha digital y educación en tiempos de pandemia

24.10.2020
Collage | Elisa Gómez
Collage | Elisa Gómez

En breve, se cumplirán cuatro lustros desde que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, definiese la brecha digital como la distancia entre áreas individuales, residenciales, de negocios y geográficas en los diferentes niveles socioeconómicos en relación con sus oportunidades para acceder a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, así como al uso de Internet, diferencias que se reflejan tanto entre países como dentro de los mismos.

Sí, estamos en Europa y eso suena importante, moderno, como si fuésemos en la primera clase de un avión con destino a la sociedad de la innovación comunicativa. Y cuando hablamos de brecha digital ponemos en nuestra mente la diferencia existente entre el acceso y el uso que podemos hacer nosotras mismas de la comunicación y la que puede llegar a desarrollar cualquier persona de África, continente donde solo el 35,2% de la población tiene acceso a internet. Curiosamente, en esta región del mundo se encuentra el 80% de las reservas del coltán, mineral con el que se fabrican los Smartphone y demás dispositivos que nos rodean en nuestro día a día y con los que, según UNICEF, cerca de 40.000 niños trabajan bajo esclavitud para extraer este oro negro.

Esta realidad es sangrante y es fruto del capitalismo más agresivo que nosotras reproducimos con nuestro consumismo absurdo, pero esto ya lo sabemos. Nuestra tecnología actual, la que supuestamente nos conecta, va en detrimento de derechos y vidas de miles de personas. Pero la ya mencionada brecha digital existe tambíen, y en gran medida, mucho más cerca nuestra. Dentro de esa primera clase en la que nos pensamos que viajamos.

Las medidas derivadas e implementadas tras decretarse el Estado de Alarma por parte del Gobierno de España, en esta inusual asistencia sanitaria, y sobre todo y especialmente durante el confinamiento, nos arrojaron a una forzosa digitalización que ha propiciado que se perciba con mayor precisión y nitidez la brecha digital y tecnológica que se sufre en muchos hogares. De forma más acentuada, se percibe con mayor claridad en el ámbito educativo dentro de nuestra Comunidad Autónoma.

Ante todo ello, surge la pregunta; ¿cuál ha sido la respuesta de nuestro gobierno autonómico? Pues, nada más y nada menos que la compra de 5.600 Tablet para que niños y niñas andaluces sin recursos económicos pudieran tener acceso a los contenidos on-line. Aunque quizás, deberíamos de puntualizar que el sistema educativo de nuestra región cuenta con, aproximadamente, dos millones de alumnas y alumnos. Obviamente, la respuesta fue insuficiente e irrisoria.

El sentimiento de abandono de miles de familias sin recursos que ven como su pobreza afecta en gran medida a la educación y al desarrollo de sus hijos e hijas, es un hecho que hay que sumarlo a lo anteriormente desarrollado. Hecho, además, que deja una huella psicológica en muchos padres y madres que no pueden hacer nada al respecto. No obstante, podemos llegar a entender que ante tal situación de emergencia sanitaria, cualquier cuestión es fácil de relativizarse. Y por ello es tan importante visibilizar la precariedad y desigualdad que se ha generado y se está generando en miles de casas andaluzas.

Pero, ¿cómo se presenta el panorama actual y futuro? Hace poco hablábamos con Fernando Cobo en una entrevista y nos hablaba sobre la actual situación que está viviendo la escuela andaluza en estos términos. La respuesta concluida es, que el panorama en el que vivimos nos augura mucha más desigualdad. Andalucía está lejos de garantizar unos mínimos para todo su alumnado si no estamos en una educación puramente presencial. Y, aunque es complicado saber en qué grado puede afectar esta situación en las chicas y chicos, es innegable que la educación en parámetros de igualdad está en cuestión. O esto quizás, ¿es el mismo debate que antes de la Covid-19?

La única respuesta clara que sacamos de la presente situación, es la de manifestar dicho panorama y realizar un perentorio llamamiento a la Administración pública. De cara a la necesidad urgente de reducir, hasta hacer desaparecer, esta brecha. Brecha que no solo sufre el alumnado y sus familias, siendo las personas más afectadas, sino también los centros educativos que padecen importantes carencias en lo concerniente a Tecnologías de la Información y la Comunicación (Tics) para impartir docencia de forma telemática y establecer un adecuado proceso de enseñanza-aprendizaje.

Tenemos que tener muy presente que esto no se soluciona a golpe de Tablet o portátiles. No solo hablamos de la falta de herramientas, de la falta de hábitos y enseñanza para su buen uso. Hablamos de la falta de una metodología, de falta de espacios necesarios para un buen u óptimo desarrollo, de falta de recursos. Hablamos de exclusión social, de pobreza una vez más.

Es responsabilidad de la Administración pública poner una solución efectiva en tiempos a este problema. Un problema existente antes de la llegada de la Covid-19, un problema atendido más por recursos e instituciones privadas sin ánimo de lucro que por la propia administración, un problema doblemente agravado en la actualidad, y mucho más visible ahora.

¿Intentarán la Administración, esta vez, establecer medidas adecuadas y adaptadas a la verdadera realidad de nuestra tierra?


Editorial | Octubre 2020