Artículo | Sobrevivir al cáncer durante la pandemia

04.02.2021

Por Elsa de la Prida

Estamos viviendo una época de cambios, incertidumbre, confinamiento, miedo.

En conversaciones con amigos, en medios de comunicación, en redes sociales, etc. parece que, a día de hoy, lo único que existe es el Covid-19.

Pero el tiempo continúa pasando, la vida sigue y, aunque nuestros sanitarios estén desbordados por este virus, continúan diagnosticándose diariamente enfermedades graves, las cuales también requieren de atención y tratamiento, como es el caso del cáncer.

El primer problema radica en que la capacidad del Sistema Sanitario, como todo, tiene un límite; y cuando hay una carga de trabajo tan grande e imprevista, se colapsa.

Generalmente, hasta que los resultados de una prueba confirman que estás pasando por un proceso oncológico, un caso no tiene tanta prioridad, puesto que aún no se ha demostrado que tengas una patología de alta gravedad. Sin embargo, la tardanza en la realización de una prueba y, con ello, un diagnóstico a tiempo, son fundamentales en cuanto al alcance de la gravedad de una enfermedad. Y según he podido comprobar por las vivencias de otros compañeros, un diagnóstico tardío puede derivar en el fallecimiento de una persona que, de haberse podido realizar las pruebas antes, podría haber salvado su vida.

En relación con esto, cabe resaltar que en la sanidad privada, al tener un menor número de pacientes y menor déficit de infraestructuras que la pública, estas esperas se reducen. Pero no todo el mundo es beneficiario o puede costearse la realización de pruebas en Centros de carácter privado. Aquí podemos observar que la desigualdad socio-económica puede repercutir indirectamente en la salud y posibilidades de sobrevivir a una enfermedad grave en algunas ocasiones.

Una vez se ha diagnosticado, da comienzo el tratamiento; y tanto sanitarios como pacientes (ahí me incluyo) aseguran que sobre un 80% de su éxito radica en la actitud con la que se afronte la enfermedad.

Esto es fácil de decir, pero la realidad es que la visión que tiene la sociedad sobre el cáncer está bastante distorsionada, y eso es debido, en gran parte, a los medios de comunicación. Siempre se nos asocia esta enfermedad a algo muy malo, que en muchos casos deriva en el fallecimiento de la persona.

El cáncer, en la sociedad, siempre ha sido un tema "tabú", que hay que tratar con tristeza y compasión por los que lo padecen, y en el que todo lo que le rodea tiene un carácter negativo.

Ésta, igual que otras muchas enfermedades, puede sobrevenir a cualquier persona; y al igual que en el resto de aspectos de la vida, hay que aceptar la realidad, e intentar buscar cómo poder sacar el lado positivo a la situación.

En mi caso, y comparto opinión con muchos de los compañeros de vivencia que he conocido a lo largo de esta experiencia, he descubierto que soy muchísimo más fuerte física y mentalmente de lo que creía; que debo valorar mucho más las cosas aparentemente más insignificantes de la vida; y que incluso podría llegar a enfocar mi vida laboral conforme a esta experiencia.

Pero para que todo eso ocurra, para que llegue al paciente ese cambio de mentalidad acerca de su situación, generalmente no basta con su propio pensamiento o compartir ideas con su red de contactos más cercana; hace falta entrar en contacto con personas que estén pasando o hayan pasado por lo mismo, y puedan comprender todos sus miedos e inquietudes.

No todos los pacientes de cáncer tienen el grandísimo apoyo que ofrecen una familia y/o un entorno de amistades; y los que tienen la suerte de tenerlo, muy probable y afortunadamente no tienen a nadie cercano que haya pasado por una situación similar. Por muy grandes y bienintencionados que sean sus intentos de comprendernos y ayudarnos, sólo quienes han pasado por el proceso pueden alcanzar ese nivel de comprensión, apoyo emocional y consejos prácticos que necesitas.

Todo esto quiere decir que, además de la atención sanitaria, en los procesos oncológicos es primordial una atención social adecuada.

Yo, que tengo veintitrés años, tengo la suerte de conocer y saber moverme por el mundo de las redes sociales, y he logrado contactar con muchas personas de características similares a las mías (edad, sexo, momento vital, etc.) en mi misma situación, que me han brindado generosamente toda la información y motivación que me ha ido haciendo falta durante el proceso. Sin embargo, no todo el mundo sabe manejarse por redes sociales, e incluso hay personas que no tienen recursos para acceder a Internet, ¿cómo obtendrían ellos este apoyo social tan necesario para su recuperación?

En una situación normal hay entidades, como la Asociación Española Contra el Cáncer, que ofrece asesoramiento gratuito, talleres para diagnosticados y sus familiares, conexión con otros pacientes, orientación sobre prestaciones y recursos sociales, abordaje de dificultades laborales derivadas de la enfermedad, atención psicológica, y acompañamiento, entre otros recursos. Generalmente se acercan a los destinatarios en las unidades hospitalarias, o tienen un teléfono de contacto para establecer reuniones personales donde poder facilitar a los pacientes y familiares estos medios de forma más cercana y directa. Pero actualmente este tipo de asociaciones se encuentran muy limitadas debido a la pandemia, y deben prescindir de muchas de sus actividades, o establecerlas vía online o telefónica, dificultando el acceso a aquellas personas que no dispongan de este recurso, y siendo ello mucho más distante y frío, pudiendo incluso perjudicar a la calidad del servicio.

Otro aspecto a resaltar es el del empleo. Durante la enfermedad, muchas personas han de dejar de ejercer su puesto de trabajo, debido a sus propios síntomas y/o los efectos secundarios de los tratamientos. Afortunadamente esta situación ya está legislada y, en la mayoría de los casos apenas tiene repercusión sobre el trabajador-paciente. Sin embargo, aún es difícil gestionar la situación de los familiares de personas con cáncer, que en numerosas ocasiones deben ausentarse de sus puestos de trabajo, sin estar ellos padeciendo la enfermedad, para cuidarles o asistir a citas médicas; puesto que es difícil demostrar dicha situación ante los empleadores, que suelen priorizar la situación económica de su empresa a la situación social de sus trabajadores.

Cabe destacar que uno de los aspectos que más demandan mentalmente los pacientes de cáncer es trabajar, puesto que para nosotros significa la vuelta a la normalidad, a la rutina. Pero en relación a esto, los propios pacientes tampoco tienen facilidades cuando vuelven a su puesto de trabajo, porque aunque físicamente se hayan curado, aún deben lidiar con las consecuencias psicológicas y sociales de tan duro tratamiento; también desconocidas y difíciles de demostrar ante sus empleadores, y que en ocasiones son un foco de discriminación.

Por otro lado, tanto autónomos como "amos de casa", se encuentran en la situación de no recibir ayuda alguna, cuando deben ocuparse de todas las tareas que realizan en su vida diaria, mientras sufren las consecuencias de la enfermedad, puesto que ellos no están respaldados por ninguna empresa o entidad que sustente su situación temporal indeterminada.

Y en lo que me atañe diré que, las personas que acabamos de finalizar un proceso de cáncer y estamos buscando empleo activamente, nos encontramos con el hándicap de que muchos empleadores nos rechazan directa o indirectamente al pensar que tener un ex-paciente en su plantilla podría perjudicar a la productividad de la empresa; cuando en realidad nuestra vivencia generalmente hace que tengamos muchísima más motivación, ganas de trabajar y servir de utilidad a la sociedad. Además, cabe destacar que las empresas sólo se muestran comprensivas con este tipo de situaciones si, desafortunadamente, tras este proceso la persona ha sido valorada con un grado de discapacidad del que puedan beneficiarse de alguna manera con su contratación.

La sociedad, generalmente, es egoísta, y vive en una especie de "burbuja" donde los problemas que no les afectan de manera personal, o a alguien cercano, parece que no existen. Pero en la práctica, la realidad es que la acción social y los grandes cambios recaen en la responsabilidad de la sociedad al completo, no sólo de los afectados. Por ello, narro esta visión crítica de la enfermedad y los aspectos vitales que la rodean desde mi experiencia personal, para hacerles llegar la realidad de la situación a todos aquellos que, afortunadamente, no la tienen cerca ni la conocen de primera mano.

También quisiera puntualizar la relación de la situación del cáncer con la del coronavirus. Afortunadamente la primera no es contagiosa, pero sí que se ve perjudicada por la pandemia, como habéis podido observar. Por ello, también está en manos de todos realizar un ejercicio de responsabilidad y auto-cuidado, para ayudar a frenar el número de casos de contagios, y acabar con esta situación cuasi-insostenible del Sistema Sanitario y Social. Ello os beneficiará personalmente, pero también a vuestro círculo más cercano, y al conjunto de la sociedad.

Porque como suele decirse, "juntos, somos más fuertes", y visibilizar a los colectivos que requieren de una gran acción social está en manos de todos.

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Agradezco enormemente la oportunidad que me brinda Extrarradio para, desde este medio, darnos visibilidad al colectivo de pacientes y ex-pacientes de cáncer.