Artículo | No preokuparse. O preocuparse de lo importante

20.10.2020

Por David G. Marcos.

Fotografía | Lynx Photography
Fotografía | Lynx Photography

"Ni se te ocurra salir de casa, que se te cuelan los okupas. Lleva cuidado, que si se te meten dentro, ya no te los sacas ni con agua caliente. Ya estás tardando en contratar una empresa de alarmas y seguridad para que vigilen tu hogar. Hay que endurecer las leyes contra estos indeseables porque son uno de los principales problemas de este país". Ojo, que no lo digo yo, que lo han dicho en la tele.

Muy probablemente, a lo largo de los últimos meses hayas leído o escuchado alguno de estos mensajes. Se han difundido a través de algunos medios de comunicación, en sus propios telediarios o programas matinales, en redes sociales o en cadenas de Whatsapp. Se trata, en realidad, de una campaña mediática con unos objetivos claros y, atención spoiler, ninguno de ellos te beneficia. Veamos qué intereses hay detrás de esta alarma generada.


Hay algo cierto en todo esto, y es que en el Estado español existe un problema estructural con la vivienda. La especulación, la ausencia de regulación de los precios o el acaparamiento de inmuebles en pocas manos y fondos buitre, son algunas de las causas que han provocado en las últimas décadas que en nuestro país muchas personas hayan visto vulnerado su derecho a una vivienda digna. Según explica el magistrado y portavoz de Juezas y Jueces para la Democracia, Joaquim Bosch, existen diez veces más desahucios que usurpaciones de vivienda. El primero de los objetivos, por tanto, que busca este bombardeo mediático es desviar el foco para criminalizar a las víctimas de este problema y conseguir así que no se preste atención a su origen: la dificultad o imposibilidad de acceso de miles de personas a una vivienda digna.

Buscan, en segundo lugar, inocular el miedo. ¿Cómo? Pues haciéndote pensar que en cualquier momento alguien se va a colar en tu casa y no dispones de protección jurídica para evitarlo. Como explica la abogada especializada en Derechos Humanos Alejandra Jacinto, el tratamiento comunicativo que se está realizando de esta situación deriva en un totum revolutum jurídico que está sirviendo como "cortina de humo" para no hablar de la "causa del mal causado". Esta táctica de trilerismo con los conceptos judiciales ha provocado que se confundan delitos que en el derecho están, en realidad, bien diferenciados, como son el de usurpación de la vivienda (el que comúnmente se llama "de okupación") frente al de allanamiento de morada.


Esta confusión premeditada y este discurso del miedo constante es funcional a empresas de seguridad privada o incluso a grupos parapoliciales de ultraderecha que suponen un verdadero peligro y amenaza. Los lazos y convergencia de intereses entre el mercado inmobiliario y los propietarios de empresas de vigilancia son evidentes. Ni se molestan, de hecho, en esconder el negocio común que buscan detrás del sufrimiento y la inseguridad de miles de familias. Tanto es así, que el pasado septiembre se hacía público que el nuevo dueño del portal inmobiliario Idealista invertía cerca de 115 millones en Securitas, el grupo de servicios de seguridad más grande del mundo.

Comenzamos a ver quiénes y qué intereses hay detrás del machaque de titulares y video-reportajes que buscan crear una falsa alarma sobre la okupación. Pero vayamos un paso más allá. Merece la pena preguntarnos qué más puede pretender alguien estableciendo en la sociedad este clima de inseguridad, en el que de forma irreal se llegue a pensar que es más probable que alguien te ocupe la casa a que el banco te desahucie (es justo al contrario, como señala VMS Abogados). Esta sensación busca crear un caldo de cultivo en la opinión pública favorable a que las regulaciones legislativas vayan orientadas a reforzar (más) los privilegios de fondos buitre y grandes tenedores de vivienda. Se busca beneficiar la especulación inmobiliaria en lugar de atajar el verdadero problema de vivienda del que adolecemos en nuestro país. Éste, según la ONU, no es la "okupación" sino los fondos buitre, los elevados precios y la acumulación de viviendas. En su última visita al Estado español, el relator de Naciones Unidas se mostraba sorprendido con los niveles de pobreza en nuestro país, y aseguraba que abordar la crisis de la vivienda debía ser una de las cuestiones prioritarias. Para atajarla, recomendaba en su informe explorar la implantación del control de los precios de los alquileres y advertía que el discurso público sobre la materia está "dominado" principalmente por la industria inmobiliaria. Estos son los motivos que debían marcar la agenda mediática, la preocupación por los desahucios o porque el pago del alquiler se lleve, de media, el 40% de nuestro sueldo (un incremento de más del 12% en solo 5 años), tal y como advierte Javier Gil, portavoz del Sindicato de Inquilinas.


Las razones de esta matraca desinformativa son, por tanto, puramente económicas y de interés empresarial. En última instancia, el modo de presentar esta problemática aspira a un objetivo más. Es el ánimo de desarmar a las clases populares de herramientas para combatir la injusticia de que continúe existiendo (y cada vez más) gente sin casa y, contradictoriamente, siga habiendo casas sin gente. Buscan criminalizar al movimiento por el derecho a la vivienda. Organizaciones como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, el Sindicato de Inquilinas o el Plan de Choque Social vienen denunciando desde hace años la vulneración de este derecho, agrupando a mucha gente para combatir los abusos de multinacionales como Blackstone o grandes bancos.

Son conscientes de que la organización de las clases populares puede jugar un papel fundamental en la defensa de derechos sociales que aparecen como contrarios a la acumulación de beneficios de estas empresas, que en muchos casos hacen negocio con la vida de las personas. Victorias como la del Sindicat de Llogaters en Catalunya, que consiguió que el Parlament aprobara una ley para la limitación de los precios de los alquileres, pueden suponer un revulsivo movilizador y solidario que ponga frente a un espejo a los verdaderos culpables del problema de la vivienda en nuestro país, que no son los okupas, sino los especuladores.


Vale la pena señalar que la mayoría de viviendas ocupadas son de entidades bancarias, no de propietarios. Según el Grupo VPS, el 80% de los inmuebles okupados "pertenecen a entidades financieras", lo que nos lleva a incorporar una reflexión que deja atrás el marco de la criminalización contra la ocupación de viviendas. Si recordamos que, entre todas y todos, hemos rescatado a estos bancos por nada más y nada menos que 65.000 millones de euros, resulta completamente legítima, e incluso una acción a reivindicar, la actitud de la activista Paca Blanco, que asegura que si puede vivir es precisamente por ser okupa, porque su pensión no le es suficiente para pagar los recibos. Añade que la clase trabajadora ha terminado "pagando una crisis que no hemos provocado nosotros, manteniendo hijos y nietos porque no pueden trabajar".

Precisamente a propósito de la crisis económica iniciada en 2008, la escritora y periodista canadiense Naomi Klein analizaba la "doctrina del shock" como una estrategia consolidada de las élites hacia las clases populares. En 2020, una pandemia mundial ha desembocado en una nueva crisis que se solapa con la anterior y que expresa el agotamiento de un sistema capitalista basado en la acumulación y el crecimiento ilimitado de unos pocos, y no en satisfacer las necesidades sociales de la población. De nuevo, la estrategia de las élites pasa por imponer una doctrina del shock a través de la cual utilizan una situación de excepcionalidad como la crisis actual para implantar su programa anti-social. También con la vivienda, sector clave en el que pretenden continuar haciendo negocio con lo que debía ser, en realidad, un derecho.

Buscan, en definitiva, anticiparse a lo que parece inevitable: el recrudecimiento del drama social provocado por la crisis covid en un modelo como el financiero inmobiliario del Estado español. Saben además que el modo de evitar que esto pase es movilizándonos contra la minoría peligrosa de la especulación, por eso lanzan campañas de desinformación para intentar confundirte. Pero ni dudes en qué bando estás y quiénes son realmente el problema. Toca preocuparse por lo verdaderamente importante: que nuestras vidas valen más que sus beneficios.

"Hay que señalar que la probabilidad de que alguien okupe tu casa habitual es prácticamente nula" [https://www.lamarea.com/2020/08/21/los-datos-de-la-okupacion-mitos-y-realidades/].