Artículo | Mi regla no es azul

04.11.2020

Por Sara Casado

Desde que empecé a estudiar trabajo social, hace ya unos cuantos años, reafirmé la importancia de la prevención en cualquiera de los ámbitos que trabajamos. Siempre he pensado que a través de la educación sería posible el cambio. Hablo de una educación en valores de igualdad y respeto. Una educación que se traslade a todos los aspectos de nuestra vida, que esté siempre presente. Solo así conseguiremos un cambio verdadero. Desde la raíz.

Me resulta impensable un cambio social sin pasar por las aulas. El alumnado debería tener un momento de reflexión, donde profundizar sobre ciertos conceptos como el amor, la igualdad entre mujeres y hombres, la resolución pacífica de los conflictos, la sexualidad, la interculturalidad, etc. Para llegar, es esencial trabajar mediante dinámicas en las que no se sientan nunca presionados/as a participar, y donde no se sientan juzgados/as al dar su opinión. A fin de cuentas, un espacio donde sientan que pueden expresarse libremente. Es importante no decirles como tienen que pensar, eso les haría desconectar directamente.

Creo que hay cierta brecha en el "cómo" hacerlo, ya que muchas veces se tiene claro el mensaje que se quiere trasladar, pero la forma de hacerlo no llega, llega pronto, o demasiado tarde. Es necesario ponerse en la piel de las personas con las que estamos, saber sus circunstancias, su contexto, etc. También ser flexibles, es esencial saber escuchar, dejar que nos cuenten sus diferentes puntos de vista, sus experiencias.

A la hora de abordar la violencia de género en las aulas, también surge inevitablemente el tema político. Por ello, creo que otra de las brechas se situaría aquí. Es difícil querer llegar a todos los/as jóvenes, cuando hay muchos centros educativos que inculcan todavía en valores sexistas, retrógrados, homófobos, racistas, etc. ya que muchos centros directamente nos cerrarán sus puertas.

Plataformas como Acciónenred tienen programas como "Implícate por la igualdad y los buenos tratos", en los que se tratan con las y los adolescentes temas tan necesarios como la prevención de la violencia sexista a través de valores como la igualdad, la autonomía personal, la libertad para decidir sobre nuestras propias vidas, la gestión pacífica de los conflictos, etc. Todo ello a través de la sensibilización y concienciación social.


Lo que nos han contado sobre el amor.

Ya en el diccionario de la Real Academia Española se nos habla de amor como aquello que "nos completa", como si las personas estuviésemos inacabadas.

Al leer esto, no puedo evitar imaginarme muñecos/as a los que les falta una pierna, una oreja, un dedo, y desesperados/as se pasan toda la vida buscando esa pierna, oreja o dedo que alguien guarda en un cofre y nos entregará como muestra de amor. Por alguna razón alguien ha decidido que nuestra existencia y felicidad depende de otra. Nos han educado para ver los barrotes de esa jaula color invisible y que no nos molesten.

Me apasiona la filosofía y creo que es el motivo de que me haga tantas preguntas desde pequeña. Me gusta planteármelo prácticamente todo, ir al centro, buscar y comprender para tomar una idea propia. Necesito comprender para creer en algo.

Al hablar de amor también me vienen a la cabeza muchas películas basadas en la idea de que "el amor todo lo puede". Y con este tipo de referentes crecemos. Yo, que fui a un colegio de curas donde castigaban a los niños en cruz con biblias en los brazos, recuerdo que cuando iba a primaria, en mi colegio vinieron unas chicas a hablarnos sobre educación sexual. El profesor que estaba al cargo de la clase en ese momento sacó a todos los niños de la clase y les envió al patio a jugar a fútbol. Las niñas nos quedamos en clase, sin entender muy bien qué sería eso que nos iban a contar que ellos no podían (o no necesitaban) escuchar. Nos hablaron de lo que significaba tener la regla (todo muy censurado, claro está), de los preservativos, de cómo ponérselos al chico, de las enfermedades de trasmisión sexual, etc.

La charla en su conjunto fue lo más parecido a un mero trámite rápido y ambiguo en el que no aprendí ni entendí nada. Por otro lado, nunca comprendí por qué ellos no recibieron esa clase de "educación sexual". Cosa de curas, supongo.

Al final se nos ha ido educando en la falta de información, en la sumisión. Por ello hay que ir a las aulas para que esto cambie, porque ojalá me hubieran hablado a mí de feminismo en el colegio o en el instituto. No fue hasta hace unos cuantos años, a raíz de leer el libro "viaje al ciclo menstrual" de Anna Salvia Ribera, que me empecé a interesar realmente por mi ciclo, a conocer realmente los cambios por los que pasamos las mujeres, a analizarlo, escribiendo las emociones que sentía en cada fase, a darme cuenta de la importancia de la luna, a darme cuenta de lo que necesitaba en cada momento y saber expresarlo. Entonces comprendí la importancia de la educación de nuestro cuerpo y saber escucharnos.

Entender lo que nos pasa por dentro es esencial para estar sanas. Si nuestra educación sexual dependiese de lo que nos enseñan en según qué colegio o en los anuncios de televisión, seguiría pensando que la regla es un líquido azul. Al final todo esto se convierte en una continua confusión para las y los jóvenes, que crecen pensando que el olor de la regla es malo, por ejemplo. Al hablar de todo esto se me viene a la cabeza un anuncio publicitario de El Corte Inglés con motivo del día de la madre en el que al lado de una mujer ponía: 97% entregada. 3% egoísmo. 0% quejas. 100% madre. Nos lo meten hasta en la sopa.

Todo esto fomenta estereotipos de género dañinos y como no tenemos la capacidad de eliminarlos de nuestra sociedad, porque desgraciadamente vivimos en una sociedad patriarcal basada en el consumismo, es necesario conseguir que dejen de ser atractivos para la población.

El cambio se produciría en el momento en el que a todos y todas nos chirríen este tipo de anuncios, comentarios, series, películas, etc. y dejemos de consumirlas. Todo ello sin ser impuesto por nadie, sino por tener las herramientas de crítica hacia lo que nos pretenden inculcar, sabiendo reconocer los valores basados en el machismo, la sumisión, así como aquellos que fomenten la igualdad, los buenos tratos, o la libertad.