Artículo | Los cuervos vuelan boca arriba en el Sahara

16.11.2020

Por Maider Saralegi Gutierrez

Dicen que en los campamentos de refugiados saharauis los cuervos vuelan boca arriba para no ver la miseria que tienen debajo. Cuando lo oyes por primera vez sientes un escalofrío en el cuerpo. Cuando viajas allí, descubres el porqué.

Es imposible describir mi infancia y parte de mi adolescencia sin la presencia de dos niñas saharauis en mi familia. Cuando era pequeña y me hablaban de su hogar en el desierto mi mente imaginaba algo totalmente diferente a lo que descubriría años después. Jamás imaginé que el mundo estuviese permitiendo que una sociedad sobreviviese en medio de la nada, en la hamada argelina, donde el agua es escasa y no pueden cultivar. Donde su única manera de sobrevivir es mediante la ayuda humanitaria y la cooperación, las cuales se encargan de llevar alimentos, materiales y medicamentos, así como coordinar varios proyectos para hacer la vida de la población saharaui un poco más fácil en medio de lo que es uno de los infiernos en la tierra. Esas niñas de las que hablo dejaron de serlo hace mucho tiempo, en el Sahara tienes que crecer rápido. En el Sáhara el tiempo pasa muy despacio pero tienes que empezar a ser útil lo más pronto posible. Esas niñas, que ya son mujeres, que trabajan y estudian para ayudar a su pueblo y que sueñan con su mayor carencia; la libertad.

En mi primer viaje allí descubrí como al pueblo saharaui podrian robarle muchas cosas pero jamás podrán robarle soñar. Una sociedad que sueña con recuperar lo que les arrebataron de la noche a la mañana; sus tierras y sus derechos humanos.

Sahara Occidental, la que fue provincia 53 de España y ahora es un territorio ocupado por el reino de Marruecos en el que España aún tiene mucho que ver, y sobre todo, hacer. Allí está el segundo muro más largo del mundo después de la muralla China, el muro de la vergüenza. Custodiado por soldados marroquíes y rodeado de minas anti personas, se separan familias que llevan casi 50 años sin verse. Unos no pudieron huir y viven bajo la ocupación y violación de derechos humanos del colono marroquí y otros intentan no morir en los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia. Hay otros tipos de virus que también matan y separan, y para ellos la única vacuna es un referéndum en el que el pueblo saharaui pueda llegar a conseguir su autodeterminación.


Nadie ama más la paz que la población saharaui. Ninguna madre quiere que su hijo muera en la guerra, pero tampoco quieren que mueran de hambre, de sed o de enfermedades. Los tambores de guerra llevaban mucho tiempo sonando y todo era cuestión de tiempo. Desde mi casa en País Vasco y mediante los contactos que tengo en los campamentos y las personas saharauis que residen en España seguí día a día lo que llevaba varias semanas pasando en Guergerat, paso fronterizo con Mauritania liberado por el Frente Polisario, es decir; tierra en la cual Marruecos no permanece. De forma pacífica se manifestaron durante varias semanas un grupo de saharauis que paraba el tráfico de los camiones que salían con los recursos naturales del Sahara Occidental que Marruecos expolia. Ver camiones llenos de comida que tu propio país tiene, como los bancos de pesca, mientras tus hijos no pueden comer todos los días en los campamentos es algo que nos enfadaría a cualquiera. Cuando el equipo de Extraradio se puso en contacto conmigo, esos tambores ya sonaban muy fuerte y es que la guerra en el Sahara Occidental ya había estallado. La parte saharaui, el Frente Polisario, avisó en más de un comunicado que cualquier acción que atentase contra tierra liberada o personas saharauis por parte de Marruecos sería el fin del alto al fuego firmado en 1991. Y así ocurrió.

Ahora las redes sociales y medios de comunicación se llenan de noticias hablando sobre la nueva guerra creada entre Marruecos y el Sahara Occidental. Algunos no lo entienden, otros les describen como "radicales" o "terroristas" a aquellos que llevan más de cuatro décadas esperando una solución de forma pacífica. Una solución en la cual la ONU no ha movido ficha, ni el Gobierno de España siendo país administrador del Sahara Occidental. Pero siendo también muy amigo del Reino de Marruecos, por lo que podemos intuir que los grandes medios de comunicación de nuestro país solo transmiten noticias bajo la propaganda marroquí. Haciéndo creer que Marruecos es uno de los países del mundo árabe que más respeta los derechos humanos. Y el problema de ello es que las personas que no conocen la historia del Sahara Occidental acaba asimilado esa información en sus subconscientes. Como si Marruecos no llevase 45 años saqueando recursos naturales de un país que no les pertenece, como si no hubiese obligado a huir a casi 200.000 refugiados hacia el desierto. Y como si España no fuese cómplice de ello. "Marruecos culpable, España responsable", es el grito que se ha oído durante estos días en varias ciudades españolas y en los campamentos de refugiados de Tindouf, donde la adrenalina y el miedo crean una mezcla explosiva. Donde los jóvenes se alistan para ir al frente y los ancianos lloran desconsolados y se agarran a la poca energía que les queda con la esperanza de volver a su tierra.

Ningún pueblo desea nunca una guerra, y mucho menos éste que lleva tantos en conflicto. Y es que en los campamentos de Tinduf aún sobreviven ancianos quemados por napalm y fósforo blanco, porque esos fueron los materiales con los que Marruecos invadió su tierra y atacó a sus civiles. Cuando les conoces no te impactan las graves quemaduras que permanecen en su piel, sino la esperanza que transmiten sus ojos. La esperanza y la espera han ido de la mano todos estos años.

Cuando yo era pequeña y esas niñas saharauis estaban en mi familia, las cuales considero mis hermanas, jugábamos hasta quedarnos sin energía. Hoy, más de 15 años después, esas niñas van a vivir una guerra y sé que actuarán como cuando jugábamos, lo harán hasta quedarse sin energía. No podemos impedir una guerra, y por esa misma razón el pueblo saharaui nos necesita más que nunca. Es un deber moral que el Gobierno de España cumpla con sus obligaciones históricas, es un deber humano que Naciones Unidas evite las pérdidas que esta guerra puede suponer y celebrar el prometido referéndum para la autodeterminación del pueblo saharaui y la recuperación total de sus territorios.


Estos días los cuervos no vuelan boca arriba en los campamentos. Estos días los cuervos se han posado a observar cómo un pueblo que pelea contra la muerte todos los días se ha cargado de fuerza para volver a luchar por su libertad. Que nadie os hable de paz cuando los niños siguen oyendo hablar de guerras. Niños que no conocen su verdadera tierra y que esperan lo que ningún niño debería de esperar; la libertad y existencia ante el mundo.


El pueblo saharaui debe de ser libre. Y debe de serlo ya. Al Sahara se le somete, pero no se le vence.