Artículo | La enfermedad endémica de la democracia liberal

24.04.2021

Por Laura Gómez

Fotografía | Lynx Photography
Fotografía | Lynx Photography

Asistimos, en la actualidad y de manera global, a una situación compleja a nivel societal no solo por las crisis sanitaria y climática que nos acontecen, las cuales están generando profundos efectos económicos y de salud (física y mental) sino que, ya desde hace tiempo, se viene fraguando una crisis más trascendente, si cabe, una crisis de legitimidad.

¿De qué hablamos cuando nos referimos a una crisis de legitimidad?

Nos referimos a una creciente falta de confianza, por parte de la ciudadanía ante las instituciones y los representantes políticos. De forma simultánea, en diferentes partes del planeta, las diferentes formaciones políticas actuales están siendo desestimadas por una parte importante de la ciudadanía quienes comienzan a considerarlas como ilegítimas e inviables para la vida en el contexto actual y futuro. Esta crisis de legitimidad se ha visto alimentada por las crisis económicas cíclicas que hemos vivido en las últimas décadas y el aumento desmedido de las desigualdades sociales fruto del perverso funcionamiento del mercado.

Por tanto, hablamos de una crisis de legitimidad de las democracias liberales, es decir, de las democracias representativas, lo que conlleva a un cuestionamiento de los paradigmas actuales en el ámbito político. Como si de una enfermedad se tratase, podríamos hacer el siguiente paralelismo: la democracia liberal, tal y como la conocemos, se encuentra en la UCI.

¿Qué implicaciones tiene esta crisis de legitimidad política?

Lo primero a considerar para abordar esta cuestión es qué entendemos por crisis. Pues bien, cuando hablamos de crisis nos referimos a una situación donde queda patente que las estructuras del sistema (político, institucional, estatal o supraestatal) se muestran incapaces de sostener soluciones a los problemas existentes, los cuales son globales, y, esta incapacidad, a su vez, amenaza al propio mantenimiento de las estructuras existentes.

La crisis de legitimidad de la que hablamos representa una crisis de identidad tan profunda porque, las decisiones políticas planteadas se encuentran alejadas de los intereses, necesidades, deseos y motivaciones de los individuos y, en consecuencia, esto acrecienta la falta de legitimidad. En términos de Durkheim y Merton, podríamos decir que se trata de una situación social y política caracterizada por ser anómica, donde una parte significativa de la población está alienada de la estructura y las instituciones actuales.

¿Qué factores han favorecido a la existencia de esta falta de legitimación?

Como cualquier problema estructural los factores que inciden en su existencia son múltiples y se retroalimentan entre sí.

En el caso que nos atañe, primero de todo debemos de tener en cuenta que la democracia liberal se sustenta de un régimen económico determinado, el capitalismo. Este se caracteriza por desarrollar la lógica del rendimiento y acumulación a nivel global, pero no solo eso, sino que la democracia liberal y el capitalismo se asientan ambos en unos valores burgueses: el individualismo, consumismo, el patriarcado y la ideología del rendimiento. Estos valores se encuentran actualmente fracturados ya que se hallan en un proceso de cuestionamiento dentro de los imaginarios de la población. A ello se suma la extensión de valores más progresistas como: el interés sobre la protección del medio ambiente, mayor aceptación de la igualdad de género, multiculturalismo y reconocimiento de derecho para los colectivos LGTBI, por mencionar algunos. Además, cada vez se comienza a considerar menos viable que una distribución injusta de la riqueza (reproducida social e históricamente) sea considerada como legítima.

La existencia de instituciones supranacionales, fruto de la globalización que, significa a grandes rasgos el fin de una concepción de la política organizada dentro del marco del Estado-Nación y el advenimiento de instituciones supranacionales tipo el FMI, Banco Mundial, Banco Central Europeo, ...etc., que no hacen más que alejar a la ciudadanía y sus intereses de las decisiones políticas y se evidencia en nuestros días una nula capacidad por parte de los Estados para responder a las demandas de sus ciudadanos. En un entorno como este la necesidad de abordar los problemas globales desde lo local no hace más que acrecentar la desconfianza hacia las instituciones políticas, con la consecuente vuelta al refugio en las identidades dando lugar a la aparición de opciones autoritarias, disminución de la participación electoral y resurgimiento de nacionalismos, entre otros. Estas reacciones conservadoras dificultan la reflexión crítica de las decisiones políticas y minan la capacidad de la población en la participación que, ya de por si es bastante limitada, funcionando básicamente mediante elecciones periódicas a través de las urnas.

Como acabamos de exponer, los déficits de legitimación son estructuralmente ocasionados por el sistema político y, este, a su vez, está internamente inmerso en un escaso control que da lugar a la corrupción y al abuso de poder como comportamiento habitual. Las consecuencias de ello son eminentemente negativas, provocando más rechazo y menos credibilidad en el sistema político.

Otro aspecto a tener en cuenta de nuestras sociedades actuales son las nuevas tecnologías. Hoy en día, prácticamente todos los espacios de interacción social están mediados por las TIC (Tecnologías de la información y comunicación), las redes sociales se han convertido en una extensión de la esfera pública generando espacios para la discusión de aspectos políticos y sociales. En este sentido, el peligro radica en que tanto las tecnologías digitales como el "Bigdata" se están usando con el objetivo de la manipulación de la opinión pública influyendo, de este modo, en la acción política de la ciudadanía, pero haciéndolo de tal manera que no se puede hablar de que sea una participación consciente y reflexiva. La información filtrada (a través de algoritmos) a cada persona en función de sus intereses y perfil ideológico reduce la pluralidad y dificulta el intercambio de información diversa y, en definitiva, debilita el cuestionamiento crítico de la ciudadanía. Ello, sumado a la proliferación de bulos y noticias falsas (que hace que hoy en día podamos llegar a hablar de que la verdad sea un hecho posterior a la noticia) muestra un escenario complejo de desinformación que no garantiza el acceso a una opinión pública libre y veraz y, por tanto, se debería poner en tela de juicio la utilidad de los procesos de legitimación de la política y las instituciones a través del voto puesto que, en muchas ocasiones, no se puede seguir hablando de que los ciudadanos actúen conforme a una libre elección respecto al voto.

A este respecto, partimos de la premisa de que el debate es una herramienta esencial para el desarrollo de sociedades democráticas pues, del diálogo y el debate, se genera la opinión pública y permiten llegar a consensos respecto a opiniones opuestas de interés social.

No me gustaría concluir sin exponer algunas ideas que pueden guiar los modos de intervenir a los problemas detectados, volviendo a recurrir a los paralelismos sanitarios, sería como realizar un diagnóstico clínico sin posibilidad de tratamiento.

Pues bien, pese a que no existe una solución única e inequívoca a los problemas que nos acontecen, lo que sí parece vislumbrarse es una cierta direccionalidad hacia algunas reformas necesarias para alcanzar una democracia significativa, entre las cuales podemos nombrar las siguientes: en primer lugar, se detecta una clara demanda de mayor participación de la ciudadanía en las decisiones públicas. Como han señalado los teóricos de la democracia participativa, es necesario crear espacios de participación ciudadana más allá de las elecciones, ya que estas ofrecen posibilidades limitadas que pueden ser manipulables de formas variadas. En este sentido, la participación deliberativa, en sus múltiples formas y en diferentes momentos del proceso democrático son consideradas como claves, no solo para aumentar la confianza en la política sino también para conformar una ciudadanía activa políticamente y con visión hacía bien público. En otras palabras, ampliando los horizontes de participación, las personas pueden, por un lado, recuperar el sentido del deber cívico y, por otro lado, su eficacia en la toma de decisiones públicas. Aquí podrían tenerse en cuenta las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para regenerar la esfera política y facilitar la participación plural. En segundo lugar, a nivel normativo deberían desarrollarse reformas en las leyes electorales, así como, limitaciones a los mandatos políticos, sanciones reales a las prácticas corruptas y acciones que garanticen una justicia libre de los intereses políticos e ideológicos. En tercer lugar, dada la presencia indudable en nuestros días de las tecnologías de la información se requieren regulaciones normativas de la privacidad en el entorno digital que permitan convertirlas en un espacio público, de carácter igualitario y plural, además de abierto. En cuarto lugar, se deben replantear los límites a la libertad de información en el entorno digital sin que ello conduzca a la censura y la supresión del pensamiento crítico. En definitiva, para terminar de delimitar y perfilar todas estas medidas es necesaria la existencia de transcendentes deliberaciones intelectuales y científicas de carácter público donde la sociedad en su conjunto debe implicarse. Este escenario de deliberación puede ayudar a revelar la gran utilidad de las Ciencias Sociales y Humanidades para prever y guiar las acciones en momentos tan determinantes como los marcados por grandes transformaciones sociales.

Para finalizar y apropiándonos de los términos de Wallersteing podríamos señalar que nos encontramos en un periodo complejo, tanto social como intelectualmente, se trata de un contexto marcado por la incertidumbre y transformación. Las elecciones que tomemos, las acciones que desarrollemos y cómo se lleven estas a cabo determinarán el "tiempo-espacio" estructural que habitaremos en el futuro.