Artículo | La educación emocional: una asignatura pendiente

16.03.2021

Por Laura Paredes Galiana

Fotografía | Lynx Photography
Fotografía | Lynx Photography

A pesar de los intentos de trabajar la educación emocional en diferentes esferas de nuestra vida, la realidad nos muestra que estamos lejos de lograr que las personas entiendan cómo se sienten, sepan regular sus emociones, entiendan lo que pueden sentir las otras personas con quienes socializan, etc.

Prueba de esto, tenemos en España los cientos de conflictos que día a día surgen en las aulas, los casos de acoso escolar, la discriminación por diferentes razones (género, orientación sexual, etnia, aspecto físico, etc.), así como los suicidios de nuestra población adolescente.

Una asignatura pendiente es esta que aquí se expone a continuación: trabajar la educación emocional desde las edades más tempranas con niños y niñas desde el sistema educativo. Hemos ido dejando en manos del "buen hacer" del profesorado el hecho de preocuparse por cómo se sienta su alumnado, sin legislar esto, sin dar la formación correspondiente para ello, sin ubicarlo temporalmente hablando en los horarios de clase, entre otras circunstancias que limitan ese "buen hacer" para con la educación emocional.

En muchas ocasiones, se ha oído la importancia y beneficios que la puesta en marcha de actuaciones de carácter emocional tiene para las personas, sin embargo la realidad es otra bien distinta.

Hemos construido una sociedad que compite por ser la persona que más destaque, por ser quien más dinero tenga, mejor coche, mejor casa... Hemos construido una educación que prima por la competición entre alumnado para la obtención de mejores calificaciones, porque seguimos calificando y no evaluando. Porque si tuviéramos en cuenta algo más que un número (calificación) y nos centráramos en ver quien mejora en que, en qué medida mejora, cómo mejora y hasta dónde es capaz de llegar desde principios de curso hasta finales, eso sería atender a la persona de forma integral. Tener en cuenta algo más que una calificación en un examen. En un trabajo.

Esto sería entender que la vida de nuestros/as adolescentes está conformada por algo más que por un simple número. Que detrás de todos esos números que diferencian entre "bueno/a" y "malo/a" estudiante, hay algo más: hay una persona con conflictos en el centro, con situaciones precarias en casa, con baja autoestima, con necesidades específicas, con otro ritmo de aprendizaje, con baja motivación, con un inicio de desenganche del sistema educativo, entre otras.

¿Y entonces, qué podemos hacer?

La respuesta no es fácil. Ni tampoco rápida. No podemos solucionar, ni eliminar, algo que lleva desde el inicio de la educación inmerso en ella...Pero sí que podemos empezar a trabajar en pro de ello.

Si tenemos desenganche de clases, apatía por el sistema educativo, absentismo, fracaso y abandono escolar, situaciones de acoso escolar, etc., es simplemente porque nuestro alumnado adolescente, sobre todo, no se siente partícipe de este sistema rígido, inflexible y alejado de su persona.

Así pues, debemos empezar por el principio: conocerse a sí mismos y a sí mismas. El inicio de todo esto, radica en el simple hecho de conocerse. De saber qué sienten. Qué quieren. Hacia dónde quieren ir. Qué les gusta. Qué se les da bien hacer. Qué son capaces de conseguir. Todo esto, se puede conseguir con el trabajo de la educación emocional en el aula.

Una educación emocional orientada al autoconocimiento y autopercepción. Una educación emocional basada en el juego y en la cooperación. Esto significaría, darle la vuelta, a todo aquello a lo que estamos acostumbrados y acostumbradas en el sistema educativo. Debemos romper con la dinámica de lo estático, de lo rígido e inflexible y dejar paso al juego: en este caso que nos ocupa, basado en emociones.

Mi experiencia me ha ido mostrando que cuando das espacio al alumnado adolescente a conocerse, cambian muchos de sus puntos de vista. Estos y estas se sienten lejos de lo que se les enseña en los centros educativos, piensan que no sirve para su día a día, sin embargo, está en nuestra mano hacer que eso cambie. Educar en emociones es educar en conocimiento propio. Es fomentar su autoconocimiento y autopercepción. Es mejorar su autoestima. Es fomentar la empatía, pues se hacen conscientes de lo que pueden sentir el resto de personas. Es reducir los conflictos en el ámbito educativo. Es cooperar y colaborar hacia la consecución de un mismo objetivo, una misma meta: la felicidad.

El desarrollo de estos programas en los centros de educación secundaria, debería estar considerado como prioridad, y contemplarlo dentro del currículo educativo oficial de forma inmediata. Sin embargo, parece que potenciar el desarrollo de las competencias emocionales no es una de las prioridades de nuestra educación. A pesar de que se han visto algunos inicios de tenerla en cuenta, prueba de ello tenemos por ejemplo, la LOMCE cuando afirma que "las Administraciones educativas dispondrán los medios necesarios para que todo el alumnado alcance el máximo desarrollo personal, intelectual, social y emocional...", los ODS 3, 4, 5, 10 y 16, sobre todo, que se trabajan de forma directa en los centros educativos, los programas puntuales que se ponen en marcha en días señalados internacionalmente, como pueden ser el 25N, el 8M, el 1 de mayo, entre otros... pero, a pesar de los inicios, no se contemplan en la mayoría de los centros educativos.

Como he dicho anteriormente, ponerlo en marcha no es fácil ni rápido, pero sí que el inicio está en querer hacerlo. Dedicando cada día un espacio a trabajar las emociones, se coge el ritmo y se termina haciendo de forma innata e inmediata; como todo, lo difícil es comenzar.

Podría dar muchas opciones prácticas de cómo poner esto en marcha, pero cualquier cosa es válida, con un simple parón en clase y lanzar una pregunta tipo "¿cómo os sentís ahora mismo?", un juego en donde tenga que cooperar la clase para la consecución de una meta en común, utilizar metodología basadas en juegos, fomentar la participación en clase, hacer actividades (mal llamados deberes) relacionados con situaciones, personajes, temáticas, etc., que previamente el alumnado haya demandado que le gustaría conocer, etc. Pequeñas pinceladas que, como siempre, hacen grandes logros.

Porque de nada sirve que enseñemos a leer si no les llama la atención lo que leen. De nada sirve que les tengamos seis horas en una silla escuchando lo que decimos, si eso que decimos, está lejos de sus necesidades, de sus gustos, de sus intereses. De nada sirve que les hagamos preguntas si no les dejamos reflexionar. De nada sirve que les hagamos memorizar si no les hacemos aprender. De nada sirve que vayan al instituto si no les dejamos jugar para aprender. Porque, como dijo George Bernard Shaw "no dejamos de jugar porque nos hayamos hecho viejos. Nos hacemos viejos porque hemos dejado de jugar". De nada sirve que le hagamos estar si no les enseñamos a ser. A sentir. A conocer.

Y a ti, ¿te pica el gusanillo emocional?