Artículo | El muro de la vergüenza español

26.01.2021

Cuando el muro de Berlín fue derribado en el 1989, el mundo fijaba su mirada en la Alemania donde miles de familias y amigos volvían a juntarse tras décadas separados por una pared de ladrillo y hormigón. Aquel suceso prometía sin duda cambiar el mundo y las sociedades hacia una unión comunitaria. En cambio, desde entonces no se han vuelto a derribar muros, sino que se han construido, y no han tenido las miradas fijas del mundo, ya que se han vuelto invisibles. Convirtiéndose en paredes de hormigón, de ladrillo y sobre todo de silencio.

El muro de México, de Gaza, de Grecia y Macedonia, de Marruecos y España para evitar la entrada de migrantes a Europa, y el de el Sáhara Occidental, el segundo muro más largo del mundo después de la muralla China, son muchas de las paredes que a día de hoy siguen separando a familias y no solamente en un contexto físico, sino en un contexto social y de derechos humanos. Muros que dejaron de convertirse en simples paredes de hormigón y de ladrillo, y que además cada vez están más lejos de su destrucción ya que se construyen más altos y crecen poco a poco.

Hace unos meses el equipo de Extraradio se ponía en contacto conmigo para un artículo sobre la reciente guerra en el Sáhara Occidental. Meses después, cuando los medios de comunicación cumplieron con las noticias de cortesía y volvieron a olvidarse del pueblo saharaui, Extraradio sigue interesado en qué pasa con nuestros hermanos y hermanas, a los que España abandonó hace más de 4 décadas.

Cuando fueron abandonados y el colono marroquí ocupó sus tierras, asesinó a sus civiles y obligó a miles de personas a exiliarse en el desierto, Hasaan II ordenó la construcción del muro del Sáhara Occidental, un conjunto de 7 muros con más de 2700 kilómetros de distancia, rodeado de minas antipersona. Un muro que separa a familias que llevan más de 4 décadas sin verse, que viola los DDHH y sobre todo que está lleno de silencio. De ahí su nombre "El muro de la vergüenza".

Sin embargo, al pueblo saharaui se le han construido otros muchos muros, no precisamente arquitectónicos. Muros que separan, que oprimen, que matan. Aquellos que hacen que los niños quieran jugar libres y que los ancianos se agarren a su último hilo de vida para poder volver a pisar su tierra. El muro de la injusticia, del olvido y de la violación de derechos humanos, el cual no tiene kilómetros ni altura, pero si más de 45 años de sufrimiento.
Recuerdo que cuando volví a España después de mi primer viaje a los campamentos de refugiados, me dijeron "vuelvas o no cuenta allí lo que pasa aquí". Y se me hace difícil, porque también han construido muros al respecto. Muchas personas no quieren oír la voz de un pueblo oprimido, quizás por vergüenza al recordar esa mancha en la historia de nuestro país que aún no han resuelto, y parece que no quieren resolver. Pero aunque se nos haga difícil, aunque también se construyan muros respecto a ello, no hay arma de derribo más fuerte y potente que el amor y la esperanza por un pueblo y una sociedad, cómo la que muchas personas tenemos hacia el pueblo saharaui.
Más de 200.000 personas refugiadas sueñan con derribar aquel muro de arena, atravesarlo, volver a su tierra, a sus costas, a abrazar a sus familias, con volver a existir ante el mundo. Mientras luchan por poder estudiar, por poder conseguir medicinas, alimentos y agua. Deseando todos los días que no mueran más personas, que no se asesine, se detenga y se viole a los saharauis que defienden sus derechos en los territorios ocupados. Sin duda alguna, aquel muro de arena es el segundo más grande del mundo, pero los muros invisibles contra los que tienen que luchar, son una absoluta violación de derechos humanos.

El 13 de Noviembre, el Frente Polisario comunicaba el fin del alto al fuego cuando Marruecos no seguía los acuerdos firmados y atentaba contra civiles saharauis. Desde entonces el pueblo saharaui ha conseguido derribar el muro del silencio ya que su voz desde los territorios ocupados, campamentos o exilio ha sido escuchada. En cambio, parece ser que ese muro está volviendo a construirse. Poco más de dos meses de una guerra, que no promete ser corta, los medios de comunicación se han olvidado de ello, los políticos y las comunidades internacionales también, aunque estos últimos quizás nunca hayan llegado a recordarles. Pero no, esta vez no dejaremos que se vuelva a construir un muro, no conseguiremos que derriben la voz de un pueblo que lleva más de 4 décadas de silencio. Esta vez el muro lo construirá el pueblo saharaui, y será un muro lleno de esperanza y de una fuerza incansable por recuperar lo que algún día les robaron y quitaron.


Y seamos conscientes de que hay cosas irrecuperables. Jamás recuperarán a las mujeres que murieron en los partos en los campamentos, o a los ancianos por falta de medicamentos, ni a los niños por desnutrición y sed, y mucho menos a aquellos que van a arriesgar su vida por la dignidad de un pueblo, al que aunque le hayan robado todo, jamás le robaran la esperanza.

El muro de la vergüenza y sus 2700 kilómetros algún día desaparecerá, pero también deben de hacerlo esos muros invisibles, los cuales también son vergonzosos. Cumpliendo la promesa que hice en los campamentos sobre contar aquí lo que pasa allí, solamente os pediré un favor; no seáis cómplices de la construcción de ningún muro, ser cómplices de derribarlos.

Y a vosotros y vosotras, saharauis, nos podrán separar mediante cientos de muros, pero siempre soñaremos bajo la misma luna con veros libres.

Sahara Libre.

Maider Saralegi