Articulo | Del asalto a los cielos al asalto a la tierra, prepararse para un mañana inmediato

11.11.2020

Por Jesús Rodriguez

Fotografía | Lynx Photography
Fotografía | Lynx Photography

El confinamiento de primavera generó algunos espejismos. Cambiamos hábitos a marchas forzadas y antes de que los balcones se llenaran de pitadas y banderas, hubo aplausos a diario para quienes se jugaban la vida (literalmente hablando) ejerciendo su profesión. Los pájaros, corzos y jabalíes ocupaban por unos escasos días el espacio abandonado por el ser humano, generando la idea de que la naturaleza nos enseñaba sus ganas de (sobre)vivir. Un espejismo. La desescalada nos mostró también el duro rostro de la crisis social, el chantaje del empleo, el egoísmo, manifestaciones palos de golf en mano y con reclamos de libertad para quienes nunca conocieron límites en sus formas de consumir, de dominar a la naturaleza y a los trabajadores.

La política no cambió en ningún momento. Todos los partidos del arco parlamentario, en Madrid o en Sevilla, tiraron del argumentario confeccionado en base a la calculadora electoral. Esto pinta feo. Se disiparon los anhelos, pero sobre todo las posibilidades de un cambio en favor de grandes mayorías sociales y vivimos un giro conservador cuya expresión más cutre es la rebelión de los pijos o si se quiere la rebelión dentro del orden, la de las élites, traccionando tras de sí a sectores populares tanto cobardes como derrotados, enfrentados a los que están (o así lo creen) por debajo pero nunca enfrentados a quienes tienen arriba.

Lo peor de la crisis social que está por llegar nos dejará un retrato de país desconocido, con cifras de pobreza, de depresión social (y psicológica) alarmantes. La política practicada hasta hora dejará de ser funcional. Si hay movilizaciones pasará por encima de ella y de todos los partidos. Está por descubrir si las mismas responderán a demandas de igualdad o en el sentido contrario.

Pero al mismo tiempo, y esto es lo que quería aportar como algo novedoso o como un elemento a reflexionar, todo este escenario se combina con una crisis ecológica que ya está instalada con algunos elementos irreversibles. Curiosamente nadie puso en la agenda pública el origen ambiental de la pandemia, la zoonosis causante. Ningún tertuliano, ningún político, quizás con la excepción de la joven parlamentaria andaluza Luz Marina Dorado Balmon, con un discurso realmente radical y fresco en esos temas. Nadie tampoco habla de la idea de colapso como fenómeno relativamente inminente, pese a que las cifras ya son demoledoras en este sentido. Algunos científicos hablan ya de 2030 para esto. El colapso puede venir por el cambio climático (4 grados harán desaparecer a la mitad de la población mundial), a causa de la grave crisis en la biodiversidad o por las fuentes de energía que determinan un patrón de producción y consumo que se vería obligado a cambiar de forma abrupta. Desde las formaciones progresistas no hay ninguna que hable directamente de un decrecimiento ordenado, planificado y redistributivo como forma de anticipar el colapso que vendrá. Las hipotecas políticas, en forma de derrotas electorales que traería, lo impiden y en el mejor de los casos dichas formaciones se entregan a una especie de acto de fé en la tecnología que no puede suplir las raíces del fracaso del modelo.

Dicho de otra manera, habrá un colapso civilizatorio en un tiempo histórico relativamente pequeño para el cual sólo las élites económicas y políticas se están preparando en forma de ecofascismo, de salidas egoístas y autoritarias (aunque evoquen una falsa libertad, la de la élite), sobre las cuáles pueden incluso ganar la adherencia de sectores de clase media depauperadas con cierto miedo y resignación.

Frente a ello las salidas verdes radicales necesarias no son capaces de conectar con sectores mayoritarios de una población muy golpeada, y más que lo estará, por la crisis social, muy preocupadas por lo inmediato, nostálgicas de derechos preservados por el Estado, para lo cual el dogma del crecimiento económico se presenta como un chantaje, o como un trato aceptable.

Por tanto, todo sujeto político y/o social que quiera encarar el gran reto del colapso que tenemos por delante no puede mirar hacia otro lado en relación a la dimensión de la crisis social. Pero por otro lado, mirar hacia la crisis social, bajar al terreno de las demandas de las mayorías sociales golpeadas por la crisis social y el capitalismo, reduce siempre las posibilidades de que el ecologismo existente en el plano político sea radical, profundo e incluso esencialista si se quiere ir a las esencias de la crisis que el ser humano ha creado en su relación con la naturaleza, poniendo en valor la naturaleza misma. Es decir, reduce la posibilidad de construir un ecologismo que puede ser incluso parte de una crítica al antropocentrismo y también a la modernidad, si se quiere como vía a una altermodernidad y no tanto una antimodernidad. Es decir, por un lado necesitamos un golpe de timón en la vida de miles de millones de personas a la hora de relacionarse con la naturaleza, como sociedad y no solo (que también y en menor medida) como individuos. Necesitamos nuevos paradigmas ecocéntricos y biocéntricos, incluyendo visiones animalistas antiespecistas, que promuevan la idea de respeto y de reparto con los animales no humanos. Pero para que dichas visiones puedan avanzar hay que dar respuestas inmediatas a la crisis social. A corto plazo esto bloquea la posibilidad de desarrollar un proyecto ecologista radical, pero construye alianzas con cierta capacidad de cambio. Ahí aparece el debate del ecosocialismo, bandera levantada por las nuevas izquierdas conscientes de construir estrategias de cambio mayoritarias para alcanzar un socialismo-una democracia económica-donde nos relacionemos de diversa manera con la naturaleza. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones ecosocialistas no han asumido tampoco la idea de colapso ni la idea de un ecologismo profundo y radical como vía de cuestionamiento de los paradigmas existentes. Todavía no ha excedido la categoría de eslogan, incluso en las prácticas de vida cotidiana.

Estamos en un tiempo impredecible, en el que avanza la extrema derecha, y mientras tanto, en la otra orilla no se es capaz de encontrar una síntesis entre las propuestas valientes pero con vocación marginal de Extinction Rebellion o Burning Pink y las de un ecosocialismo muy timorato en su idea de romper moldes en las formas y hábitos de vida. No hay nada más que ver el escaso eco que tienen propuestas que parecen mesiánicas por la parte más radical del movimiento ecologista o el escaso interés de PACMA en realizar alianzas con sectores sociales y políticos que se ocupan de lo social. O el pragmatismo en materia de cruceros, movilidad, turistificación o recogida de residuos sólidos urbanos del ayuntamiento de Cádiz, la votación a favor de la regularización de viviendas ilegales por parte de Podemos Andalucía (ahora Adelante Andalucía) en la anterior legislatura y los límites de Podemos en la protección de la biodiversidad o su nefasto papel en la pedagogía del productivismo.

No habrá otra que intentar casar ambas almas, hacer experiencias de lucha y de encontrar síntesis en las demandas de lo social con lo ambiental. Bajar al barro de las necesidades de la gente pero no renunciar a los principios basados en un paradigma, al menos, ecocéntrico. Construir una alianza desde abajo que prepare una respuesta al colapso inminente, basada en la solidaridad, la democracia, la igualdad y una cultura de vida radicalmente distinta.

En bambalinas hay quienes ya estamos preparando un escenario de acumulación de fuerzas en el ámbito de lo social que genere las condiciones para la génesis de un sujeto político con esas características a futuro. O al menos un sujeto que pueda marcar la agenda de algún dispositivo electoral que represente esperanzas de cambio. Este debate deberemos tenerlo, cómo preparar como inevitable una aceleración de los problemas ambientales y qué tipo de respuestas podrán darse desde la óptica de la igualdad y la libertad. Quizás no se trataba de asaltar los cielos sino la tierra.