Artículo | Ciudades hostiles

18.12.2020

Por Carolina Jimenez

Fotografía | Lynx Photography
Fotografía | Lynx Photography

Recuerdo la primera vez que salí con un amigo que iba en silla de ruedas, habíamos quedado con más amistades para cenar y reencontrarnos después de muchos meses sin vernos, al llegar al restaurante nos dimos cuenta de que este no era accesible, al hablar con el encargado nos dijo que lo que podíamos hacer era subirle poco a poco, por los tres peldaños que tenía la entrada. Le miramos con cara de sorpresa ya que la silla era mecánica, por lo que pesaba mucho como para subirla, intentamos ver la manera de poder entrar, sin ningún éxito. Hablamos con el encargado para preguntarle si les había pasado esta antes, nos dijo que si, le preguntamos la razón por la cual no habían hecho una remodelación o algo para que el restaurante fuera más accesible, su respuesta fue "hay que hacer mucha inversión para que pocas personas con silla de ruedas vengan aquí". A lo que, mi amigo le dijo que la manera más práctica de hacerlo accesible era hacer una rampa de metal que podían poner cuando la necesitasen y sacarla cuando no. La cara del encargado fue de mucha sorpresa, nos dijo que nunca se lo habría planteado y que lo plantearía al dueño del local.

Sé que te preguntarás por qué cuento esta historia, pues, si vas a cualquier comercio o lugar, sueles encontrar que hay pequeñas barreras para las personas con discapacidad, personas mayores, personas sin hogar y hasta para ti o para mí. No solemos percibirlas como podríamos percibir el calor o el frío, si no que se van configurando según cómo se vaya configurando la ciudad. Es algo que no nos despierta interés, porque no trabajamos con colectivos "vulnerables" o porque nos pilla 'lejos'. Pero si que te habrás dado cuenta de que caminando por tu ciudad ya no hay muchos bancos para sentarte cuando estas cansada(o), un árbol para resguardarte del calor en verano o de la lluvia; o de que no hay baños públicos y fuentes de agua. Casi todo lo que puedes encontrar cuando caminas en la ciudad suele ser de pago, para sentarte tienes que ir a la terraza de un bar o a las sillas de las tiendas en las que entras a comprar y/o esperas a tu pareja a que se pruebe unas zapatillas o simplemente ropa. Si quieres beber algo lo tienes que comprar y si quieres resguardarte del calor o el frío tienes que entrar a algún sitio para hacerlo.

Hay otra cosa que ya no nos fijamos tampoco en los escaparates de las tiendas, las cuales suelen tener algo de metal en el suelo, ya sean unas esferas o una barra con pinchos para que la gente no se siente en el suelo, en los portales de los cuales los portones de salida/entrada a la calle tienen barreras para que, si en el caso de tener un escalón, la gente no pueda sentarse en él; en las marquesinas con una división en el medio para que solo pueda sentarse una persona (en el mejor de los casos) o, si tienes mucha suerte y encuentras un banco, este es individual o está construido con ángulos para que no puedas tumbarte, bancos con dos tablas o una estructura con un tubo para solo apoyarte. Tampoco nos fijamos en las entradas accesibles a los establecimientos y dónde están con relación a la puerta principal, si hay un paso accesible para personas que van en silla de ruedas, si existe una rampa que se pueda mover o estática...

Todas estas pequeñas cosas, que no solemos percibir, son, muchas veces, para "embellecer" la ciudad, para que sea más amigable al turismo, donde no puedas encontrar a personas sin hogar o con discapacidad en los lugares más concurridos de la misma, y donde solo puedas hacer turismo o consumir. Se toman estas decisiones de "embellecimiento" porque, muchas veces, podemos encontrar a personas sin hogar pidiendo dinero o comida en las calles más transitadas de la ciudad, durmiendo en las entradas de los bancos o en los bancos de las calles. Por ello, estas decisiones de "embellecimiento" son especialmente sufridas por las personas sin hogar ya que se han visto obligadas a migrar y establecerse en medianías de estaciones de autobuses, bajo las construcciones de puentes, ir hacia la periferia, entre otros.


¿Qué hace que las ciudades tomen la decisión de 'embellecer' sus calles y parques?

Para entender, teóricamente, porqué las ciudades se vuelven más hostiles con las personas que viven en ella, hay que buscar más profundamente en cómo es nuestra sociedad, además de cómo las ciudades contribuyen en la productividad económica y la competencia contra otras administrando condiciones y prestaciones que constituyan una base social para la productividad. Esto tendrá un papel como garante o no de la integración sociocultural de las poblaciones multiétnicas, si las hubiere, y ser un escenario político de representación y gestión en general. Por ello, Mike Davis, sociólogo nos da una pista en su libro 'Ciudad de cuarzo. Arqueología del futuro de los Ángeles":

Para reducir el contacto con los intocables, la remodelación urbana ha convertido calles peatonales antes cruciales en sumideros de tráfico y ha transformado los parques públicos en receptáculos temporales para indigentes y desgraciados. La ciudad [...] está siendo sistemáticamente vuelta del revés o, mejor dicho, hacia dentro. Los espacios más valiosos de las nuevas mega estructuras y grandes centros comerciales se ubican mayormente en el centro, las fachadas de las calles quedan desnudas, las actividades se clasifican en compartimentos estrictamente funcionales y la circulación se internaliza en corredores que están bajo la atenta mirada de policías privados (1990, p.232).

¿Podemos volver las ciudades más amigables?

Claro, no solo está en mano de los gobiernos o las comunidades el hacer que las ciudades se vuelvan más amigables, podemos hacerlo por cuenta propia, como por ejemplo al denunciar, al compartir información sobre la hostilidad de tu ciudad natal.

Gracias a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, muchas ciudades se han comprometido con el objetivo 11, lograr que las ciudades sean más inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles; lo que tendría que incentivar a cambiar los hábitos de consumo de toda la población como de la configuración en las zonas urbanas. Dicho de otra manera, que la hostilidad que hoy en día muestran nuestras ciudades vaya bajando y que la forma de configurar nuestras ciudades no sea una manera de tapar la problemática existente, sino que la erradique.

  • Davis, M. (1990-2013). Ciudad de cuarzo. Arqueología del futuro en Los Ángeles. (traductor: Rafael Reig) Madrid. Ediciones Lengua de Trapo. 2003. pág.: 232.