Artículo | Andaluz, el habla de los conquistados

03.12.2020

Por Isabel Serrano

Fotografía | Javi Muñoz
Fotografía | Javi Muñoz

El debate sobre el habla andaluza está cada vez más de actualidad. El andalucismo incipiente en las redes sociales pone de manifiesto un problema que lleva silenciado durante años: la discriminación de los andaluces y andaluzas por su habla. Desde la exclusividad de la presencia del andaluz en determinados personajes de series y películas hasta el cuestionamiento de presentadores como Roberto Leal sobre su capacidad de presentar un programa de televisión con acento andaluz, se construye todo un campo discursivo en el que se van tejiendo una serie de estereotipos que encadenan y encasillan a los andaluces y andaluzas en una serie de clichés muy alejados de la realidad.

El establecimiento de esta serie de tópicos como el andaluz vago, analfabeto, cateto o sumiso no se hacen de forma inconsciente, sino que tiene una intención política y social: la justificación del subdesarrollo de nuestra zona, la expropiación de nuestra riqueza y la falta de soberanía de nuestro pueblo. Si se conciben a los andaluces como unos vagos, nadie habla del maltrato sistemático de los terratenientes, caciques y élites políticas en nuestros campos; si se nos acusa de analfabetos, el foco no se pone en la falta de industrialización, ni en las aulas masificadas, ni en la precarización de la educación pública; y si se nos achaca bajar la cabeza ante los problemas que atacan a Andalucía, es por que es más sencillo pensar en eso que en la falta de soberanía, la invisibilidad de los problemas o que nadie parece escuchar el llanto de los andaluces y andaluzas.

Además de pensar esta discriminación hacia lo andaluz a través de la producción cultural, creo que es interesante hacerlo en términos de luchas de poder y hegemonía. Para esto debemos mirar unos siglos atrás, cuando se empiezan a fraguar las bases del nuevo "Estado". La caída de Al-Ándalus y la conquista de los Reyes Católicos hay que entenderla como un proceso de colonización. Este proceso tiene una serie de efectos como fue el expolio y reparto de tierra a una nueva élite dominante y la imposición de la cultura de los conquistadores, haciendo que los conquistados tuviesen que adoptar sus costumbres, lengua y valores. Sin embargo, los siglos de intercambio cultural no dejan indiferente al habla y se producen variantes lingüísticas y costumbres dentro de la privacidad del hogar que pasan al lenguaje popular. Con esta conquista se comienza a establecer la hegemonía del "buen castellano" como aquel proveniente de Castilla al ser el idioma que hablaron quienes comenzaron a ocupar puestos de poder, ostentaban la riqueza y tenían el control político del territorio frente al que hablaba el pueblo llano y toda esa plebe alejada de sus privilegios.

De aquellos barros, estos lodos. El "hablar bien" sigue antagonizando con el habla andaluza como hemos visto, por ejemplo, cada vez que la Ministra María Jesús Montero hace intervenciones públicas. Nadie cuestiona a un profesional cuando habla con acento catalán, vasco o mete un laísmo entre frase y frase. Sin embargo, los andaluces y andaluzas tenemos que demostrar continuamente nuestra valía y nuestras capacidades por el simple hecho de hablar andaluz. Esta discriminación la seguimos arrastrando como una cruz a nuestras espaldas en cada sitio que vamos o participamos; somos los bufones de la corte, esos payasos que "hablan como si te fuesen a contar un chiste" y esos pobres "muertos de hambre". No debemos de olvidar que, detrás de todos los insultos hacia los andaluces, hay un profundo clasismo hacia un pueblo humilde que ha sido maltratado durante siglos por políticas extractivistas que, sin contar con la voz de los andaluces y andaluzas, sucumben en la miseria a nuestro pueblo.

Tenemos la responsabilidad, política y social, de cambiar el tablero del juego. Debemos seguir insistiendo en que se puede hablar andaluz en todos los ámbitos sin que seamos cuestionados por ello. En muchas ocasiones nosotros mismos nos imponemos una censura a nuestra habla. De forma inconsciente tratamos de disimularlo y enmascararlo con un acento fingido que se acerque a ese "castellano" hegemónico que han tratado de imponernos durante siglos. No culpo, yo también he pecado, tenemos asumido que para desarrollarnos en ciertos espacios y que se valore nuestra capacidad, debemos disimular nuestro andaluz. Pero tenemos que hacer un esfuerzo de revisión y autocrítica para desposeernos de todos esos miedos e inseguridades causadas por una educación en la que nos decían que debíamos "hablar bien" para que, con la cabeza bien alta, hablemos nuestro "perfecto andaluz". Tan solo con el ejemplo, con la presencia de andaluces y andaluzas en la esfera pública y con una conciencia social sobre el problema podemos intentar deconstruir este recelo hacia lo andaluz.

No todo lo relativo a este tema es negativo. Actualmente hay un movimiento de defensa del habla que florece y que pone sobre la mesa el grave problema. Cada vez son más los estudios sobre el tema, las reivindicaciones sociales y políticas o las movilizaciones en redes sociales cuando se produce una nueva ofensa hacia los andaluces y andaluzas. Desde el proyecto de El Principito Andaluz hasta todos los proyectos culturales que están surgiendo en los últimos años y que ponen en el centro la defensa de la identidad andaluza se está formando todo un abanico de manifestaciones culturales que siembran la semilla de una emancipación que llegará más pronto que tarde. El andalucismo está despertando con fuerza gracias a todos estos fenómenos que convergen para aumentar la conciencia de nuestros problemas y recordarnos que tenemos la obligación como pueblo de reivindicar nuestras raíces, nuestros campos, nuestras diferencias, nuestra historia, nuestra cultura y, por tanto, nuestra habla.

El andalucismo y toda la historia de lucha por la liberación de nuestro pueblo ha sido invisibilizada. Hoy, 4 de diciembre, día en el que millones de andaluces y andaluzas salieron a las calles de sus pueblos y ciudades a reivindicar soberanía e igualdad volvemos a recordar que tenemos asignaturas pendientes. El silencio, la invisibilización y el olvido institucional de nuestra historia ha hecho que momentos como el que se conmemoran en el día de hoy fuesen desconocidos y, por tanto, no conociésemos el potencial político que tenemos cuando nos juntamos para cambiar el rumbo político. El 4 de diciembre los andaluces hicimos historia y dimos ejemplo de dignidad. Todo el trabajo de memoria que se está realizando año tras año es un trabajo imprescindible por la dignidad democrática y de conciencia andaluza al recordarnos lo que fuimos, para no olvidar lo que somos y, sobre todo lo que podemos llegar a ser.

Andalucía habla y grita, aunque se la calle, aunque se la someta, aunque matasen a Caparrós y se trate de condenar al olvido a quienes lucharon por nuestra soberanía. No es que no nos entiendan, es que no quieren escucharnos y, ante esta negativa, solo nos queda gritar más fuerte, organizarnos y unirnos por un horizonte a conquistar. Un horizonte que ya cantaba Carlos Cano y ya atisbó Infante, pero que ahora rescatan las canciones de Califato ¾, las ilustraciones de Ahrde o Jlr_Tatuaje -entre tantos otros- y las miles de personas que, cada 4 de diciembre, cogemos fuerza para seguir caminando hacia la memoria y la conquista de un pueblo libre y soberano. En nuestro horizonte está la blanca y verde, una bandera empoderada en donde no quepan más "señoritos" que maltraten nuestras tierras e infantilicen nuestro pueblo porque se haya pintado con la dignidad de un pueblo trabajador que se "levanta" contra la discriminación, la desigualdad y el agravio. Ante el odio, horizonte de esperanza; ante la sumisión, lucha; ante el olvido, memoria; ante sus oídos sordos, seguimos hablando andaluz.