Artículo | Abordar la crisis en medio de la crisis

24.03.2021

Por Patricia Castellano

Fotografía | Lynx Photography
Fotografía | Lynx Photography

Cuando se me planteó la oportunidad de escribir y compartir un artículo de contenido social me vinieron a la cabeza multitud de temas, de problemáticas y de opciones. Sin embargo, después de darle unas cuantas vueltas, decidí que la mejor forma de visibilizar "lo que nos concierne" era abrir el corazón y gritarle al mundo lo que siento (sentimos) cada vez que encontramos una nueva piedra en el camino.

Muchos/as sabréis de lo que hablo. Desde la profesión del Trabajo Social, la que la gran mayoría elegimos por vocación y sin más interés que aportar a la sociedad lo mejor de nosotros/as, nos enfrentamos prácticamente a diario con una losa enorme que pesa sobre nuestros objetivos. Una losa que no solo es enorme, si no que además tenemos que sujetar a la pata coja apoyando una pierna sobre una bola de cristal.

Pensareis que soy demasiado "catastrofista", pero os explicaré esta sensación y estoy segura de que os resultará familiar.

- Jueves por la mañana, acude Lucía al despacho, después de dos meses esperando una cita que consiguió tras dos semanas llamando al teléfono de petición de citas.

Ella tiene claro lo que quiere: necesita urgentemente pagar los dos meses que adeuda de alquiler.

Y tú, como profesional que lleva trabajando con Lucía dos años, sabes lo que ocurre. Sabes que no es la deuda de alquiler, pero también sabes que en 15 minutos tienes otra cita nueva y en otros 15 otra más. Tramitas su ayuda para el alquiler y en ese lugar donde lo que cuentan son las cifras aparece el titular: "Durante la pandemia se ha atendido un total de 30000 situaciones de vulnerabilidad".

Haces tu trabajo, haces lo que marca la normativa, e intervienes (o algo que se le parece) con Lucía. Ella sale del despacho y su inmediata necesidad de pagar ese alquiler estará pronto solucionada. Regresa a su casa un día más tras 6 años en situación de desempleo, volverá y se encontrará con la persona a la que no quiere, pero con la que "eligió" tener a sus dos hijas, esa persona que tampoco trabaja ni tiene intención de hacerlo, pero no conocemos porque "la que se encarga de esas cosas es mi mujer".

Se queda tranquila ya que no perderá su casa y además sabe que si en un futuro se encuentra en la misma situación ahí estaremos, porque para eso estamos y ese es el mensaje que mandamos a las personas.

Y entonces te das cuenta de que la vida de Lucía es esa bola de cristal sobre la que estás apoyada y que esa enorme losa que cae sobre ti solo tiene un nombre: crisis del estado de bienestar.

Lucía sale del despacho y tu sabes perfectamente que en un par de meses volverá a pedir una nueva cita, volverá con la misma demanda y volverás a concederle el mismo tiempo: el que marca la normativa.


Es entonces cuando te preguntas ¿qué estamos haciendo? ¿por qué los/as Trabajadores/as Sociales estamos aceptando que nuestra profesión se convierta en una herramienta al servicio del/la político/a de turno? ¿Por qué trabajamos para satisfacer la imposición de sumar números a listas que no corresponden con la realidad? Y para mí, lo más importante de todo ¿por qué no estamos haciendo nuestro trabajo?

Las respuestas a estas preguntas darían para escribir un par de libros de 1000 páginas, de esos que nos estudiábamos en la carrera pensando que aprendiendo todo aquello, algún día, cambiaríamos el mundo. Pero haciendo una reflexión personal y resumiendo brevemente podríamos decir que el Trabajo Social, como el resto de servicios públicos, se ha maltratado de tal manera que se ha convertido en una profesión que poco y nada tiene que ver con lo que realmente es.

¿Dónde queda la intervención, la escucha, el diseño de un buen plan, el acompañamiento...? ¿Dónde queda dar la oportunidad a las personas de cambiar sus situaciones?

Es cierto, que en algunos casos (pocos), existe esta parte tan bonita de nuestro trabajo y se logra hacer Trabajo Social. Pero, ¿Cuántas veces habéis pensado "lo ideal sería..., pero no damos para más"? Estoy segura que muchas más de las que nos gustaría. Y sí, compañeras/os, hacemos lo que podemos. Pero, ¿estamos seguras/os?

Volviendo a aquella losa pesada y enorme que sujetábamos a la pata coja, creo que deberíamos empezar por ahí, por cuestionarnos que es lo que nos pesa e idear un plan para acabar con ello. Trabajo Social es intervención, es ayuda, es formación y es dar respuesta a la vulnerabilidad de la población, pero no es todo esto si nos olvidamos de lo más importante: el Trabajo Social no es nada sin lucha, sin reivindicación y sin el inconformismo de todas/os las/os profesionales.

La crisis del estado del bienestar y la imperiosa necesidad que nos transmiten nuestros políticos/as de justificar cada acción a través de un número no debe devaluar nuestra profesión, no debe transformar el ejercicio de la misma, no debe convertirnos en tramitadores/as de prestaciones, ni debe condicionar nuestro trabajo.

"Si quieres cambiar el mundo, comienza por cambiar tu mismo", enunciaba Gandhi. Y creo que ahí está la clave: no puedes transformar la realidad si no pones el máximo empeño posible en transformar tu propia realidad. No podemos hacer Trabajo Social sin antes luchar contra la losa de piedra que nos impide ejercer nuestra profesión acorde a los principios de la misma.

Ahora bien, siendo honesta, no podría decir que los/as profesionales somos los/as grandes responsables.

Estudiando al azar la primera ley o el primer reglamento de aplicación en cualquier materia de nuestra profesión encontraríamos uno de los componentes de esa enorme losa. ¿Cómo esperamos una legislación que responda a las situaciones a las que nos enfrentamos a diario si es confeccionada por personas que poco y nada saben de nuestra profesión? ¿Cómo podemos esperar que nuestros/as políticos/as entiendan donde está la solución sin tener la formación necesaria para evaluar las situaciones?

Es más, ¿Cómo podemos esperar que los Servicios Sociales se diseñen de forma eficiente si la gran mayoría de la población no tiene ni la más remota idea de que es un Trabajador/a Social?

Me cuesta bastante y me parecería demasiado atrevido decir como se tienen que hacer las cosas, ya que no creo que ninguna persona se encuentre en posesión de la verdad absoluta. Pero me voy a permitir el lujo de lanzar desde aquí algunas propuestas que espero (y a la vez dudo bastante) que lean nuestros/as responsables políticos, las altas esferas y esa parte de la población que se encuentra dormida y acomodada bajo una falsa sensación de bienestar basada en el consumo.

Desde mi humilde opinión no hay más opción que reconstruir desde cero el estado del bienestar, invertir en investigación social, evaluar como estamos y que necesitamos y responder con herramientas reales y efectivas ante las diferentes formas de desigualdad.

Para ello no es suficiente con escribir un texto legal o una promesa electoral, no es suficiente con una fórmula estadística que cuantifique que número de personas está bien y que número de personas está mal.

Para ello es necesario formar y educar a las personas desde su infancia con una escala de valores adecuada de manera que cuando tengan que elegir entre ser "Chief Executive Officer" de una famosa empresa de telefonía móvil o Profesor/a en el colegio de su barrio, elija lo segundo. Porque debería ser una cuestión de prioridad social absoluta que las personas entiendan que la igualdad de oportunidades, la eliminación de cualquier manera de discriminación, la erradicación de las vulnerabilidades sociales y la contribución a un mundo mejor, son cuestiones mucho más importantes que vender tres millones de teléfonos móviles más o tres millones menos.

Por lo tanto, creo que desde el Trabajo Social no nos queda más opción que gritar bien fuerte por un mundo en el que lo social tenga más valor que lo capital, porque esa es nuestra losa: el capitalismo y ver como la sociedad del consumo y el individualismo ha hundido y destrozado el estado del bienestar y en consecuencia el bienestar de millones de personas en todo el mundo.

Mientras luchamos, seguiremos sosteniendo, visibilizando, trabajando y reivindicando por un mundo mejor. Y sobre todo seguiremos haciendo equilibrio sobre las bolas de cristal que nos encontremos, porque ellos/as y sus circunstancias no son los/as responsables de un deterioro estructural.

Me despido con una frase que me viene a la cabeza en muchas ocasiones: siempre se puede hacer un poco más, incluso cuando sentimos que no podemos más.